miércoles, 17 de agosto de 2011

Preparativos

¡Bueno! El día se acerca, así que cada vez tengo más cositas hechas (o menos cositas por hacer, según se mire). Esta segunda vez está siendo bastante menos frenética y más organizada que la anterior, debo decir. La experiencia se está notando bastante en estas cosas. La primera vez no tenía ni idea de por qué estaba rellenando cada papelito, a diferencia de ahora. En realidad estoy haciendo lo mismo que la vez anterior, pero este año me parece menos faena y todo.

Tengo un fantástico y reluciente visado en mi pasaporte, ¡mirad!:


No muestro mi careto porque sin duda es la segunda foto más fea que me han hecho en mi vida. (La primera era la de mi DNI de los 12 años. Insuperablemente monstruosa, oigan).
Esto del visado es nuevo. En mi visita anterior no me llegó a tiempo y tuve que hacer un megapercal en la embajada para que me pusieran un sucedáneo en forma de sellito cutre. Mi antiguo pasaporte nunca tuvo esto, jo, me siento como un niño coleccionando pegatinas.

Lo demás ya es más divertido: Billetes de avión, residencias universitarias... Podría decir que ya lo tengo todo listo. Sólo me falta hacer las maletas e irme.

Tengo más noticias: Me voy a comprar una cámara (No sé de dónde sacaré el dinero, pero ya empeñaré mis joyas de la comunión, venderé un riñoncito o algo). Seguramente sea esta.

Me la compro porque quiero que tengáis fotos decentes de Japón en este blog por una vez en la vida :D Como me emocione a hacer fotos vais a ver...

Y por último y no por ello menos importante... ¡Me traslado! Un amigo me está echando un cable para pasarme a un servidor diferente y pasar el blog a wordpress con más secciones, una estética más sobria y mayores prestaciones. Todavía está en construcción, pero espero que esté terminado para la hora de irme. Un teaser:


Como véis, he importado los datos de este blog. Podréis seguir viendo las entradas antiguas desde allí :)

¡De momento es todo por hoy! Sed felices <3

miércoles, 29 de junio de 2011

Una imagen

Sabéis que yo soy más de palabras que de imágenes, pero por una vez creo que esto habla por sí solo:





Allá voy (de nuevo) :)

lunes, 23 de mayo de 2011

Raíces

Desde hace ya bastante tiempo me he aficionado muchísimo a las plantas. A medida que las cuido voy viendo que no son muy distintas de nosotros, pese a que cueste de creer. Me he dado cuenta, aunque me tachéis de loca, de que una planta crece mucho mejor si se le muestra cariño, si se le presta atención y si no se la arrincona. Resulta curioso por ser tan poco demostrable, pero mi sospecha ha quedado demostrada cientos de veces desde que me ocupo de todos los (muy numerosos) seres verdes de mi casa.

Hay una cosa que me gusta aún más que cuidar plantas, y es rescatarlas. Esa maceta con una planta feúcha, mustia o rota que nadie quiere y que está sola en un palé a punto de ser desechada... E incluso el azar ha querido que me encuentre más de una vez todo tipo de vegetación abandonada por la calle, lanzada por ahí con la maceta rota, tumbada a su suerte sobre el asfalto. Siempre que me encuentro alguna planta la llevo a casa y la cuido con todo el amor que tengo; tanto, que la feúcha del palé termina siendo la más frondosa, y la tirada en la calle termina cubriendo sus ramas rotas.

Pero hay una cosa que no me gusta del todo: En mi casa no hay jardín.

Tengo que tener todas las plantas en macetas, pues no hay suelo de tierra donde plantarlas. Si bien siempre intento que anden sobradas de espacio, no dejan de vivir en una maceta. Me parece algo triste. Cuando las miro, pienso que si yo fuese planta me gustaría vivir en el bosque, o en un bonito jardín con césped. ¿Por qué? Porque mis raíces podrían extenderse libremente.

Ocurre lo mismo con las personas, ¿no? Por eso digo que no somos tan distintos. Nacemos en una maceta, y nuestra batalla consiste en lograr llegar al bosque, donde nuestras raíces podrán extenderse tanto como queramos. Esa es la lucha. Sabemos que habrá muchos más árboles, quizá más grandes que nosotros. Sabemos que el suelo quizá estará muy duro y a veces será difícil abrirse paso, pero siempre creeremos que ese mundo sigue siendo mejor que una maceta, pues en ésta el mundo acaba donde terminan sus paredes. En un bosque sabemos que nuestras raíces posiblemente no lleguen muy lejos, pero como mínimo existe la posibilidad. Porque de eso se trata todo, chicos. De tener la posibilidad.

Ojalá pueda algún día tener una casa con jardín.


sábado, 9 de abril de 2011

Materia gris

Mañana hago una barbacoa, ¡yupi!

Con este pretexto, se entenderá que hoy haya pisado un centro comercial para comprar algo de comida (que no carne, por cierto. ¿Sabíais que se pueden hacer barbacoas sin asesinar animalitos? :P Es broma, yo quizá no compre chuletones, pero que cada uno coma lo que quiera).

El caso es que los que viváis cerca de Barcelona sabréis el maravilloso día que hace hoy. Los que no, sólo tenéis que pensar en el día más perfecto del mundo. Pues ese. Los árboles están verdes, las flores en todo su esplendor, el sol calienta sin quemar y el viento acaricia con suavidad. Disfrutar de todo esto no cuesta un centavo y, ahora lo mejor de todo... Todo el mundo puede hacerlo. Mayores, pequeños, ricos, pobres...

Hoy había una barbaridad de gente en el centro comercial. Volviendo a casa, pasando por la autopista, he visto cómo las entradas para otras dos grandes superficies por el estilo estaban colapsadas. Mientras regresaba por el camino de siempre, no había ni un alma en la calle. Parecía que todo el mundo estaba ahí, o en el atasco o tras los muros de cemento de su paraíso consumista en la tierra. Niños, ancianos, padres e hijos. Todos iban en masa a gastarse su sueldo de esclavo en precios que, por cierto, han vuelto a subir.

¿Sabíais que en todo el camino no he visto a nadie observando el precioso día que hace hoy?

jueves, 7 de abril de 2011

Azul profundo

Hoy os voy a contar mis planes a medio plazo, pues ya se han sentado sus bases y puedo hablar de ellos con bastante certeza.

Se han barajado muchas opciones, ha habido decisiones que tomar y el azar ha jugado también su papel. Así, el próximo lugar al que el destino se ha decidido a llevarme se llama Okinawa.

Desde este septiembre y mientras nada malo suceda, mientras mi corazón lata y mientras los cielos y mares de este mundo puedan surcarse, esa isla será mi hogar durante 9 meses.

Si el bullicio de Tokio acompasó un día mis pasos, si el extraordinariamente colorido gris de sus calles se grabó en mi alma hace ya tanto tiempo, quizá cueste de creer que no vaya a regresar para oír de nuevo la campanilla de mi balcón sonar con el viento que mece los juncos junto al río Edo. Duele no regresar a Tokio, duele tener que pasar más tiempo todavía viéndola sólo a través de mis párpados... Pero creo que Okinawa también me mostrará cosas que no olvidaré jamás.

Además, los que me conocéis sabréis que amo más que a nada la costa, el sol, el aire salado del mar... ¿Adónde iban a llevarme esta vez si no mis pasos?

Dejo más cosas y mucho más grandes esta vez al partir. Cuesta un poco más que antes alzar el vuelo, pero no tengo miedo. Sólo me atemoriza una cosa, y lo más gracioso es que estoy segura de que mis temores se harán realidad: Me da miedo enamorarme de Okinawa, de sentir por sus playas blancas la misma adoración que sentí por Tokio. Si el recuerdo de esa ciudad se siente en mi pecho aún como un amor distante y doloroso, temo que Okinawa sea el segundo amor inmenso que haga que mi corazón se esparza de nuevo. Si desde que regresé a mi ciudad natal sabía que volvía sólo con la mitad de mi alma, temo volver de nuevo sólo con un tercio. ¿Que será de mí si termino esparciéndome en pedacitos por todo el mundo?

Okinawa, temo y ansío verte. Pero, pese al miedo... Ojalá. Ojalá, después de conocerte, no sea capaz de vivir nunca más sin tus mares de color azul profundo.

martes, 15 de marzo de 2011

日本

Desde que tuve que dejarte y hasta el glorioso momento en que pueda volver a verte, siempre has estado y estarás en mi memoria.

Recuerdo cada uno de tus rincones, todos tus encantos, las mil y una veces que soñé que no tenía que despedirme de ti. Tu recuerdo es tan vívido, está tan presente, que incluso las cosas que ya cesaron de existir en realidad siguen inmortales en mi mente.

No podría contar ni en cien años todo que me enamoró de ti. No obsante, si en estos momentos tuviese que elegir un motivo, ese sería sin duda tu fortaleza, tu calma, tu instinto de superación.

De ti aprendí tantas cosas... Tú me enseñaste a no rendirme nunca, a seguir adelante. Tú me inspiraste a levantarme sin importar cuán duro fuese el golpe, a dejar atrás lo que nos hace daño, lo injusto y lo carente de valor para renacer de nuevo.

Es por eso, Japón, que en estos días que se muestra tu lado más devastado y aterrorizado, yo quiero recordarte como siempre. No quiero escombros ni barro, quiero tu cielo azul, el verde intenso de tus árboles y el silencio rectilíneo de tus calles.


Saldrás de esta, ya lo creo. ¡Si me llenaste de la fuerza que rebosabas! ¿Cómo no vas a tener suficiente para levantarte?

Te diría que mi alma está contigo, pero eso ya lo sabes. Siempre ha sido así.

頑張れ、日本。

jueves, 10 de marzo de 2011

Cosas complicadas



Me he topado con algo interesante, últimamente. Puede ser un ejemplo de lo terriblemente mal que van las cosas a nivel económico en este país, o quizá no... ¡Quizá simplemente es mala suerte!

Estoy buscando a alguien (dentro del mundo editorial) que se preste a leer la novela que tengo terminada en busca de publicación. ¿Por qué remarco lo de leer? Porque ese es el problema. No es cuestión de que la gente la lea y no le guste, no... La cuestión es que está resultando complicadísimo conseguir que alguien se preste a abrir la primera página. ¿Por qué?

Porque están saturados de faena. Sí, señores, parece ser que la crisis ha llegado hasta los recovecos más inimaginables de la sociedad. No me cuesta demasiado imaginar la situación: Persona aficionada a la lectura y la escritura que nunca se había atrevido a dar el paso se encuentra en paro y sin nada a lo que dedicar tiempo e ilusión (Especialmente lo segundo. Se puede vivir sin tiempo, pero no sin ilusión). Por lo tanto, decide sacar el polvo a sus manuscritos o posiblemente escribir alguno nuevo y probar suerte. Quizá una publicación exitosa le saque del apuro...

Conclusión: Abarrotamiento de la sección de recepción de originales y consiguiente cierre de aceptaciones. Muchas editoriales ya directamente se niegan rotundamente a aceptar manuscritos.

¿Qué soluciones hay?
1. Un milagro
2. Un milagro y toparse con el director de una editorial en la cola del supermercado.
3. Una agencia literaria que envíe tu manuscrito a una editorial bajo recomendación. El problema es que éstas también están saturadas y cerradas a cal y canto.

Escribo todo este asunto porque me parece curioso, pero para nada como queja. Nada que merezca la pena en esta vida es fácil de lograr. Quizá la situación está más difícil que hace unos años, pero seguiré intentándolo hasta conseguirlo. ¡Si alguien tiene alguna idea revolucionaria o una iluminación divina para dar con una solución posible, que me la haga saber! ;)