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viernes, 23 de octubre de 2009

La mayor ironía de todos los tiempos.

Cuando en la alemania nazi, esa alemania de la segunda guerra mundial, capturaban a los ciudadanos judíos y a muchos otros considerados sencillamente "indeseables"; les llevaban a un lugar desconocido entonces, a un centro donde se les haría pasar frío, calor, hambre y penúrias de todo tipo; se les haría trabajar hasta el agotamiento, se les asesinaría a sangre fría y se les incineraría hasta no dejar rastro de ellos.

Cuando esos pobres condenados accedían al lugar que les vería morir, cruzaban una puerta como esta:



"Arbeit macht frei"
"El trabajo os hará libres"

Porque la ironía, señores, por desgracia no sólo existe como condimento del humor. También parece serlo, y con fuerza, del horror de los horrores.

viernes, 16 de octubre de 2009

Berlín, herida de guerra.

¡Hola chicos! Siento la tardanza, no hay excusa: He estado recluida en mi mundo de felicidad XD

Vamos a ponernos serios, que hoy os hablaré de esta ciudad: Berlín.

Llegamos a Berlín por casualidad, como por un capricho del destino. Puede sonar a tópico, pero es totalmente cierto: En mitad del viaje, nos topamos con unos viejos amigos. ¿No os pasa eso de encontraros a gente conocida en la otra punta del mundo? A mí, curiosamente, me ha ocurrido en un puñado de ocasiones.

Hablamos con ellos, y resultaba que estaban haciendo un itinerario muy parecido al nuestro.

"¿Y no iréis a Berlín?" Preguntan.
"No... no está en nuestros planes, en principio".
"Eso no puede ser. Os reservaremos un hotel y vendréis con nosotros. ¡Es un pecado marcharse de Alemania sin ver Berlín!"

Así que acabamos pisando la capital sin haber tenido previa intención de hacerlo. Ahora, una vez de nuevo en mi Badalona, me echo las manos a la cabeza cada vez que pienso que podría haberme ido sin visitar esa maravillosa ciudad, esa ciudad... herida de guerra.

Porque así es Berlín.

A la grandiosa Berlín todavía le duelen las heridas, todavía le quedan cicatrices en todos sus rincones, sus remiendos intentan devolverla a la gloria del pasado... pero Berlín nunca volverá a ser la misma: No tiene por qué que serlo, pues ahora es mucho mejor que antes.


Sus cicatrices le recuerdan lo que pasó. No sólo no debe cubrirlas, sino que no desea hacerlo. Cargada de arrepentimiento, de culpabilidad... levanta la cabeza y procura seguir mirando al frente con dignidad.


Su gente sonríe, pasea por sus anchos parques y sus hermosas calles, mirando al futuro.

Porque miran al futuro, pero sin embargo no han olvidado lo ocurrido. Todo el mundo sabe que un día los canales tenían vallas metálicas, que los parques eran improvisados campos de cultivo que salvaban a la población de la hambruna y que las calles un día fueron trincheras donde morían sus abuelos, arrastrados por la condena de la guerra.


Berlín hubiese preferido no vivir nunca lo ocurrido, pero no entierra su pasado con vergüenza. No construye aceras ni edificios escondiendo lo que un dia fue un muro de cemento, Berlín destruye ese muro y coloca en su lugar una marca, una señal para que las generaciones futuras sepan siempre lo que un dia existió allí. Ahora podemos cruzar de un lado al otro sin ningún esfuerzo, pero esa señal nos recuerda que años atrás ese gesto podría habernos costado la vida.



Incluso hay heridas que ha preferido dejar abiertas; aquellas heridas que le ayudan a ser consciente de lo que vivió, aquellas heridas que le recuerdan que nunca, nunca más tiene que volver a dejar ocurrir algo así.

Berlín está herida de guerra, sí... pero es hermosa como ninguna otra. ¿Sabéis por qué? Porque ha vivido mucho, porque en su rostro se contempla la experiencia, la historia... y eso vale más que cualquier hornamento.

sábado, 29 de agosto de 2009

Rencor grabado en piedra

¡Hola chicos! Hace unos minutos he vuelto de mi viaje por Europa... ¡Tengo tantas cosas que contaros!

Todavía tengo que descargar las fotos al ordenador, deshacer maletas... pero os hago un post rápido con una foto que saqué desde el móvil:


Sí, es una tumba. Pertenece al cementerio de Père Lachaise, en París. En él están enterradas personalidades tales como Oscar Wilde o Frédéric Chopin.

Ésta tumba no es ninguna de esas. De hecho, es la tumba de una persona "normal".

Pero acerquémonos un poco más...


Encima del nombre grabado en letras oscuras, más ténue, más ilegible... se encuentra esta inscripción:

En memoria de

Fanny Ernst

3 de Diciembre de 1886- 1943

Asesinada por los alemanes en Auschwitz


Ésta tumba me hizo sentir una sacudida extraña en el pecho.

Fanny Ernst no está enterrada allí. Está seguramente en una fosa común, y su familia nunca sabrá dónde se encuentra; por no saber, ni siquiera sabe la fecha exacta de su muerte.

Ese rencor, ese odio, esa rabia se refleja en las palabras de más abajo. No dice "Fallecida", no dice una frase de recuerdo o de amor hacia su persona, ni siquiera dice a secas el nombre del lugar donde murió, no:

ASESINADA POR LOS ALEMANES en Auschwitz

Grita "Asesinato", y acusa a los autores con contundencia y claridad. Notar un rencor tan grande grabado a cincel en esa lápida me marcó enormemente.

En éste viaje he aprendido mucho. No sólo de la Guerra Mundial, sinó de las personas.

Según mi opinión no existe por naturaleza el cielo ni el infierno, ni existe el bien ni el mal como un concepto universal. Las personas somos los seres que creamos todo eso: Sólo nosotros podemos hacer las atrocidades más grandes, aquellas que incluso asustarían al diablo.