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jueves, 10 de marzo de 2011

Cosas complicadas



Me he topado con algo interesante, últimamente. Puede ser un ejemplo de lo terriblemente mal que van las cosas a nivel económico en este país, o quizá no... ¡Quizá simplemente es mala suerte!

Estoy buscando a alguien (dentro del mundo editorial) que se preste a leer la novela que tengo terminada en busca de publicación. ¿Por qué remarco lo de leer? Porque ese es el problema. No es cuestión de que la gente la lea y no le guste, no... La cuestión es que está resultando complicadísimo conseguir que alguien se preste a abrir la primera página. ¿Por qué?

Porque están saturados de faena. Sí, señores, parece ser que la crisis ha llegado hasta los recovecos más inimaginables de la sociedad. No me cuesta demasiado imaginar la situación: Persona aficionada a la lectura y la escritura que nunca se había atrevido a dar el paso se encuentra en paro y sin nada a lo que dedicar tiempo e ilusión (Especialmente lo segundo. Se puede vivir sin tiempo, pero no sin ilusión). Por lo tanto, decide sacar el polvo a sus manuscritos o posiblemente escribir alguno nuevo y probar suerte. Quizá una publicación exitosa le saque del apuro...

Conclusión: Abarrotamiento de la sección de recepción de originales y consiguiente cierre de aceptaciones. Muchas editoriales ya directamente se niegan rotundamente a aceptar manuscritos.

¿Qué soluciones hay?
1. Un milagro
2. Un milagro y toparse con el director de una editorial en la cola del supermercado.
3. Una agencia literaria que envíe tu manuscrito a una editorial bajo recomendación. El problema es que éstas también están saturadas y cerradas a cal y canto.

Escribo todo este asunto porque me parece curioso, pero para nada como queja. Nada que merezca la pena en esta vida es fácil de lograr. Quizá la situación está más difícil que hace unos años, pero seguiré intentándolo hasta conseguirlo. ¡Si alguien tiene alguna idea revolucionaria o una iluminación divina para dar con una solución posible, que me la haga saber! ;)


viernes, 19 de febrero de 2010

Malas noticias

La imagen que guardo en mi mente de Tokio está aún vívivida, fresca y palpitante en mi cabeza. Cuando la añoro a más no poder, a menudo cierro los ojos y recorro las calles mentalmente, recordando cada esquina, cada tienda, cada farola de la calle. Es entonces cuando pienso en lo mucho, muchísimo que desearía volver y ver de nuevo a toda esa gente, todos esos lugares que cambiaron mi vida.

Uno en especial, el restaurante donde trabajé. Su ambiente cálido, su luz anaranjada y sus suelos de madera. Mis compañeros con la camisa de color crema, charlando conmigo detrás de la barra. A veces, ya aquí de vuelta, se me hace la boca agua recordando los sabores de todo el planeta que servíamos en ese pequeño rincón de Shibuya.

Y es que es muy malo, señores, tener un lugar amado muy lejos de aquí. Jamás en la vida negaré que el lugar que piso ahora es mi legítimo hogar, pero esa ciudad y sus callejuelas estrechas son y serán siempre mi segunda casa.


Hoy he recibido un mensaje de Ami. Era corto, claro y conciso:

"Han cerrado el restaurante".

Nunca esperé que una noticia así pudiese afectarme tanto. Una parte de mi vida, de mi experiencia... se ha esfumado con el cierre de esa cerradura. Casi dos años deseando regresar a ese pequeño local se vuelven ahora un sueño imposible: Una parte importante de mi vida en Tokio ha cesado de existir. Y nunca más habrá compañeros en camisa de color crema, ni suelos de madera, ni platos deliciosos, ni luces anaranjadas. Para mí, Tokio es un recuerdo, sí, pero un recuerdo que sé que volveré a ver en la realidad. Mi pequeño restaurante, en cambio... ya sólo podrá existir en mi memoria.

jueves, 29 de enero de 2009

Compromiso

Si hay una palabra que esté harta de oír por todas partes últimamente, es esta:

Crisis.

Y es que parece que ya, a estas alturas, tendría que tener esta definición en el diccionario:

crisis.

(Del lat. crisis, y este del gr. κρίσις).

1. f. Palabra que se usa como parche-excusa para realizar cualquier acto aberrante y denunciable contra el trabajador para el supuesto favor de la economía de una empresa.


Con su antónimo, por supuesto:

anticrisis.

1. f. Palabra clave en toda estrategia comercial para atraer al cliente y repelar así sus bolsillos con precios supuestamente muy reducidos con respecto al precio original del producto (que no el precio merecido, para eso consultese la acepción precio justo).



Y diréis... ¿Nana, qué te ha entrado?

Es que estoy harta de oír por todas partes "XXX empresa va a despedir a 2000 trabajadores por la crisis", como apología a la primera acepción, o bien "ofertas anticrisis", haciendo honor a la segunda definición de mi inventado diccionario.

¿Qué está pasando? Si todos sabíamos que esto iba a rebentar, todos nos lo olíamos, venga ya. No me digáis que, cuando ibais a un bar y un día os cobraban 2,50 euros por un café para al día siguiente cobraros 2,65, no pensábais... "esto algún día rebentará, porque la gente, simplemente, dejará de comprarlo".
Pues mira, por si no se dice que no sabemos caernos de bruces con los obstáculos que veníamos viendo desde kilómetros atrás.
Pero lo gracioso es que los españoles lo estamos haciendo, dentro de lo mal, con especial torpeza. Hoy he hablado con una amiga japonesa, y le he preguntado cómo se lleva la situación en el sol naciente, y su respuesta ha sido esta:

"Es complicado, porque en Japón, los universitarios suelen comprometerse a entrar en una empresa desde incluso antes de graduarse, y dedican todo su esfuerzo a eso, como con una especie de compromiso empresarial. No obstante, ahora se topan con que, al salir de la universidad, la compañía que les había prometido un puesto de trabajo no puede contratarles, y se ven totalmente perdidos, porque todo lo que habían hecho hasta el momento se había centrado en formarse para ser una especie de "trabajador ideal" para esa empresa. Es una situación especialmente dura para los recién graduados".

Y allí empezó mi estado de perplejidad.

"¿Y no despiden a nadie?"

"No, las empresas se han comprometido a no dejar a ningún japonés ya empleado en la calle para no empeorar las cosas y no arruinar a sus familias. Cuando un hombre japonés de mediana edad pierde su empleo... le cuesta demasiado, o le resulta casi imposible, encontrar un trabajo nuevo".

Y sí, me saldréis con eso de que "Vale, pero luego las empresas japonesas despiden a trabajadores de otros países donde también tienen sedes". Ya, pero... ¿Y si todos los países hicieran lo mismo?
¿Se hundiría la economía porque las compañías no podrían pagar a sus empleados? ¿O la gente tendría seguridad, continuaría con su vida habitual, y la situación se estabilizaría más rápido? Pensadlo un poquito.

No creo que a ninguna multinacional le venga la ruina de pagar 1000 sueldos de miseria de más.

¿Dónde han quedado los principios básicos de la humanidad?

Sólo espero que este batacazo nos cambie a todos. Nuestra forma de percibir el mundo tiene que cambiar mucho, no obstante, para que lleguemos a dejar de desear dinero y poder por encima de todas las cosas. Y mirad que soy optimista, pero hasta a mí me cuesta creer que eso pueda llegar a pasar.

Simplemente, estamos demasiado podridos.

lunes, 8 de septiembre de 2008

No sé qué es peor

Como ya dije, me voy a dedicar a decir lo que siente una expatriada al volver a casa, y con lo que se encuentra. Ahora que piso ésto de nuevo hay muchas cosas que me parecen desconocidas y misteriosas, y otras que simplemente había olvidado que existían.

Una de las muchas que olvidé era la existencia de eso que en España llaman "jornada partida". Hablando mal o "en plata", ¿Qué especie de mierda es la jornada partida?

Vale, consiste en que te levantas pronto, te vas a trabajar, te dan al mediodía un inútil descanso de 3 a hasta 5 horas en que en realidad no te da tiempo de hacer nada, y vuelves al trabajo hasta la noche. Moraleja: Pierdes todo el día y te pagan 8 míseras horas.

Recuerdo que los japoneses me comentaron (con éstas palabras): "Qué guay, me han dicho que en España tenéis un montón de horas de descanso al mediodía para hacer la siesta". Dejando a un lado el tema de si ésas horas se emplean para la siesta o no, me centré en responder: Preferiría trabajar con sólo una hora de descanso y poder plegar antes, o hacer jornadas intensivas como hacéis aquí y poder irme a casa a las 6.

Pero para mi sorpresa la respuesta fue: "Si, nuestra jornada puede terminar a las 6, pero aquí no plega nadie hasta tranquilamente las 11 de la noche". Por lo tanto, resumiendo; los empresarios trabajan desde que sale el sol hasta que se pone.
¿Por qué? Son las horas extra de servicio a la empresa, y como buenos hispanos los que leéis esto, contestaré a la pregunta que os habéis hecho nada más leer: No, no se las pagan.

Cada uno descansa cuando puede

Yo me tiraba de los pelos diciéndoles a los nipones que era totalmente abusivo e injusto que trabajaran hasta la noche sin recibir ni un solo yen extra (que decir "un duro" quedaría fuera de contexto); pero no parecía conseguir convencerles; afirman que es "por el bien de la empresa", y que "si el sistema japonés no fuese así, las empresas no funcionarían como és debido". ¿Necesitan entonces las empresas japonesas que sus trabajadores hagan horas extra para que su empresa tire adelante? ¿Hasta qué punto está bien montado un sistema económico que necesita ésas medidas? ¿Hasta qué punto son sinceros consigo mismos los trabajadores que afirman que encuentran correcto que les hagan trabajar entre 3 y 5 horas extra al día sin paga?

Me dió la sensación al tocar ése tema con los japoneses de que había intentado poner patas arriba un tema tabú e intocable para los trabajadores; y lo cierto es que éso es normal que ocurra en Japón cuando intentas decirles que su sistema de trabajo es mucho más excesivo que en el mundo occidental; se cierran en banda y se tapan los oídos.

Pero en España nos hacen "descansar". Lo cierto és que no es por caridad, sinó por que no les interesa tenernos trabajando en las horas menos ocupadas del día, y por si ya nos pagan poco, almenos se ahorran los cuatro duros que nos iban a pagar si trabajásemos esas "inútiles" horas del mediodía; muchas tiendas cierran durante ése tiempo, quitando todavía más utilidad al descanso, pues ni siquiera puedes salir de tu casa. Lo mismo ocurre con los domingos; el interminable círculo vicioso español del "Como descansamos todos al mismo tiempo, aquí no sale nadie".

La respuesta és que tanto a los japoneses como a nosotros nos manejan como quieren. Las empresas o nuestos "jefecitos" hacen con nosotros lo que les interesa, y nadie se queja por que es "lo que hace todo el mundo". ¿Qué es peor? ¿Trabajar horas extra de servicio a la empresa, o alargar tus días de jornada del día a la noche con un interminable descanso sin utilidad alguna? ¿Qué pasaría si un día todos los japoneses decidieran marcharse del trabajo a la hora que pone en su contrato; o si nosotros nos quedásemos trabajando al mediodía? ¿Sería entonces todo trabajador más feliz y satisfecho, o acabaríamos destruyendo la economía del país?

No lo sé, solo sé que algo va mal en todo ésto.