Bueno! Muchísimas gracias por la abundancia de respuestas al post anterior, hacéis que me den ganas de escribir con mucho más cariño e ilusión =)
Éste anexo lo escribo para poner a qué he decidido dedicarme, después de leer vuestras suposiciones.
Me ha impresionado que rosalba ha acertado de la forma más rotunda e impecable; es que ha acertado las dos:
Para ayudar al mundo a comprender, y a la vez dejando volar mi pasión por escribir, he decidido que quiero dedicarme a traducir novelas, ya sea en chino, japonés... al español, inglés... o catalán!
El traductor influye mucho; debe traducir pero también añadirle su toque para darle la belleza de la literatura; y me gustaría poder hacer que las palabras de oriente pudiesen ser escuchadas también en occidente. Quiero convertirme en un lazo, una conexión.
Claro que la traducción no te ocupa una vida. Normalmente se trabaja también de otra cosa, ¿no? ;) Sinceramente (me da hasta corte decirlo, jeje) me encantaría que además de dedicarme a traducir novelas de otra gente, el mundo me permitiera ser novelista por mí misma. Soy muy joven e inexperta, pero... no sé, tengo la sensación de que hay miles de cosas que quiero contarle al mundo.
¿Por qué digo que el mundo me permitiera? Por que todo el mundo puede escribir un libro, pero depende del mundo, de la aceptación, que un novelista pueda progresar pasito a pasito hasta hacerse un huequecito en el mundo de la literatura. Así pues, no puedo más que pedir vuestro apoyo, tan inmenso como siempre, una vez más en mi difícil pero no imposible ascenso ^^.
He decidido abrir un blog aparte, un anexo, donde iré colgando algunos textecitos. La idea es poner tanto textos cortos como una novela que tengo en la mente desde hace mucho tiempo atrás. Mi madre quizá recuerda que yo le comenté algo sobre esa novelita hace AÑOS ;) Pues sí, mamá... ¡he seguido redondeándola en mi mente y pienso escribirla!
¡Espero vuestro apoyo como siempre, con vuestro apoyo una se siente capaz de cualquier cosa!
lunes, 2 de junio de 2008
viernes, 30 de mayo de 2008
Comprender
Mi sueño desde hacía años era venir aquí, no es nada nuevo. Recuerdo que lo tenía en mente desde muuucho tiempo atrás. Sin embargo lo más duro fue confesarlo.
Recuerdo la primera vez que decidí informar a mi família (a mi madre) de que había tomado la decisión de marchar al país del sol naciente. Tendría entre 13 y 14 años y jamás había pronunciado una palabra sobre ello a pesar de lo mucho que ya había rondado por mi mente la idea.
Así que decidí hacer uso de mi mayor arma de expresión, que es la palabra escrita.
Le escribí una carta a mano mientras me temblaba el pulso, pensando con certeza en lo infinitamente estúpida que me creería ella al leerla.
La dejé encima de su almohada por la noche y me marché a dormir. Siempre quise saber qué cara debió poner mientras la leía de madrugada.
Al venir me encontré con un problema bastante grande. El "y ahora qué". Había recorrido todo el camino hasta aquí, pero ahora que ya había puesto los pies en éste país... ¿Qué iba a hacer?
Sabía muy bien que la vida no se acababa aquí, que tenía que pensar en un futuro. Siempre había sabido lo que me interesaba: Asia, Japón, los misterios del lejano oriente... pero no alimentando mi pasión en un sentido friki ni con interés por las nuevas tecnologías, sinó con una misteriosa atracción por... comprender.
Y allí fue cuando lo entendí todo.
Cuando fui a España el Abril, tuve una pequeña conferencia en mi antiguo colegio. Era la primera vez que iba a hacer una "conferencia" para hablar nada más que... de mí. Era raro. El mejor profesor que he tenido nunca contactó conmigo para que fuese a contarles a los alumnos qué había hecho de mi vida.
Acabé contándoles muchas cosas sobre la presión de la sociedad japonesa; el tener que estar graduado en la universidad y casarte antes de los 30 para ser alguien; el que esté mal visto ser diferente, el que nunca se quejen del trabajo delante de nadie, por mucha confianza que te tengan... Les hablaba de cosas que a los españoles les (nos) pondrían los pelos de punta; hasta que una chica me hizo la pregunta mágica:
-¿Pero ya te gusta un país así?
Entonces, en un segundo, me teletransporté a una conversación con un compañero de clase (de Shanghai), que tuve semanas antes. Le contaba con entusiasmo cómo quería estudiar chino y hacer mi añito en China también cuando alguna época me lo permitiera. Turbó el rostro y me dijo muy serio:
- Creo que si fueras a China, al ver lo que hay allí no te gustaría y no querrías volver.
No he estado en China (todavía), pero estoy segura de que no será así. Me ha pasado lo mismo con éste país, y creo que me ocurriría con todos... He aprendido a comprender.
He aprendido que no hay nada malo ni bueno, que todo tiene dos lados, y que si aprendemos a comprender sabremos que hasta lo más cruel y terrible tiene un motivo.
Cuando aprendes eso te vuelves tolerante, y por lo tanto no concibes la idea de que un país no pueda gustarte por que sea diferente al tuyo, por que eso es lo que es, ni mejor ni peor... diferente.
No podía evitar pensar esa vez en aquella clase de Historia de segundo la ESO, cuando un profesor dijo que "Los terroristas de un lado son los héroes del otro".
Así que ahí lo entendí todo. He encontrado mi camino. No hay un "ahora qué". He decidido cojer mis dos armas: La palabra y la comprensión.
No sé hacer otra cosa, lo prometo.
No soy capaz de concebirme con un traje corbata y sirviendo cafés al jefe mientras hago fotocopias. No me puedo imaginar sentada en un bar repipi con un ordenador portátil sobre la mesa, escribiendo informes con aire de superioridad mientras me tomo un capucchino de 5 euros. Se me dan mal las matemáticas, la informática, la distribución en general. ¿Qué sentido tendría estudiar economía? Sería cavar mi propia tumba; el túnel directo al traje corbata.
Voy a hacer de mi trabajo el comprender y escribir, y sobretodo... el hacer comprender. ¿Alguien adivina de qué se trata? ;)
Recuerdo la primera vez que decidí informar a mi família (a mi madre) de que había tomado la decisión de marchar al país del sol naciente. Tendría entre 13 y 14 años y jamás había pronunciado una palabra sobre ello a pesar de lo mucho que ya había rondado por mi mente la idea.
Así que decidí hacer uso de mi mayor arma de expresión, que es la palabra escrita.
Le escribí una carta a mano mientras me temblaba el pulso, pensando con certeza en lo infinitamente estúpida que me creería ella al leerla.
La dejé encima de su almohada por la noche y me marché a dormir. Siempre quise saber qué cara debió poner mientras la leía de madrugada.
Al venir me encontré con un problema bastante grande. El "y ahora qué". Había recorrido todo el camino hasta aquí, pero ahora que ya había puesto los pies en éste país... ¿Qué iba a hacer?
Sabía muy bien que la vida no se acababa aquí, que tenía que pensar en un futuro. Siempre había sabido lo que me interesaba: Asia, Japón, los misterios del lejano oriente... pero no alimentando mi pasión en un sentido friki ni con interés por las nuevas tecnologías, sinó con una misteriosa atracción por... comprender.
Y allí fue cuando lo entendí todo.
Cuando fui a España el Abril, tuve una pequeña conferencia en mi antiguo colegio. Era la primera vez que iba a hacer una "conferencia" para hablar nada más que... de mí. Era raro. El mejor profesor que he tenido nunca contactó conmigo para que fuese a contarles a los alumnos qué había hecho de mi vida.
Acabé contándoles muchas cosas sobre la presión de la sociedad japonesa; el tener que estar graduado en la universidad y casarte antes de los 30 para ser alguien; el que esté mal visto ser diferente, el que nunca se quejen del trabajo delante de nadie, por mucha confianza que te tengan... Les hablaba de cosas que a los españoles les (nos) pondrían los pelos de punta; hasta que una chica me hizo la pregunta mágica:
-¿Pero ya te gusta un país así?
Entonces, en un segundo, me teletransporté a una conversación con un compañero de clase (de Shanghai), que tuve semanas antes. Le contaba con entusiasmo cómo quería estudiar chino y hacer mi añito en China también cuando alguna época me lo permitiera. Turbó el rostro y me dijo muy serio:
- Creo que si fueras a China, al ver lo que hay allí no te gustaría y no querrías volver.
No he estado en China (todavía), pero estoy segura de que no será así. Me ha pasado lo mismo con éste país, y creo que me ocurriría con todos... He aprendido a comprender.
He aprendido que no hay nada malo ni bueno, que todo tiene dos lados, y que si aprendemos a comprender sabremos que hasta lo más cruel y terrible tiene un motivo.
Cuando aprendes eso te vuelves tolerante, y por lo tanto no concibes la idea de que un país no pueda gustarte por que sea diferente al tuyo, por que eso es lo que es, ni mejor ni peor... diferente.
No podía evitar pensar esa vez en aquella clase de Historia de segundo la ESO, cuando un profesor dijo que "Los terroristas de un lado son los héroes del otro".
Así que ahí lo entendí todo. He encontrado mi camino. No hay un "ahora qué". He decidido cojer mis dos armas: La palabra y la comprensión.
No sé hacer otra cosa, lo prometo.
No soy capaz de concebirme con un traje corbata y sirviendo cafés al jefe mientras hago fotocopias. No me puedo imaginar sentada en un bar repipi con un ordenador portátil sobre la mesa, escribiendo informes con aire de superioridad mientras me tomo un capucchino de 5 euros. Se me dan mal las matemáticas, la informática, la distribución en general. ¿Qué sentido tendría estudiar economía? Sería cavar mi propia tumba; el túnel directo al traje corbata.
Voy a hacer de mi trabajo el comprender y escribir, y sobretodo... el hacer comprender. ¿Alguien adivina de qué se trata? ;)
jueves, 29 de mayo de 2008
Kamiya Bar
No soy artista.
He hecho el bachillerato artístico, fue una de las mejores épocas de mi vida, pero sobretodo si de algo me ha servido es para saber que no soy artista. O quizá si. Mi frustración se debe a que decidí no nombrarme artista a partir de ver que no era capaz de encontrarle encanto a muchas obras de arte moderno. Será que me falta esa "chispa", el "eau de artista", para comprenderlo todo en un momento y llenar mi mundo de ultrasensibilidad y paranoya.
O quizá sea artista a mi manera. El caso es que tengo una manía de artistilla... se trata de tener "mi cuartel".
Santiago Rusiñol, Ramón casas... los impulsores del modernismo en Barcelona se reunían en el llamado bar "Els quatre gats".
Hemingway en sus largos años en Cuba, frecuentaba La Bodeguita del Medio...
Mi lugar es el Kamiya.
Un lugar amplio de comida occidental, de ambiente estilo años 20, con sillas de madera oscura y lámparas colgantes. Lo que primero me enganchó de ése lugar es sin duda la comida, pero luego me fui volviendo cada vez un poquito más adicta a la mesa del rincón del hall grande... hasta que se volvió mi rinconcito.
Sentada allí hago deberes, escribo, a veces simplemente veo como la gente viene y va. Pero esa mesa tiene algo que me inspira. Me gustaría llevarme el ordenador un día, a ver si con el magnetismo de ése asiento escribo el mejor texto de mi vida.
A los habitantes o futuros visitantes de Japón, nunca sé cuando iré al Kamiya; siempre es espontáneo... Pero si os pasarais un Jueves al mediodía tendríais muchos números de encontrarme allí ;)
¿Que cómo se llega? Es sencillo. Todos los más interesados conoceréis el famoso edificio de la cerveza Asahi, y su sospechosa forma:

Veis el puente rojo? El bar Kamiya está al otro lado del edificio de Asahi, osease, justo detrás de quienquiera que haya hecho ésa foto (no es mía ;) )
Ésta es la fachada. La foto es mala con huevos xD ¡se siente! la tomé a velocidad luz antes de que el semáforo se pusiera verde... Además mi talento fotográfico no da para más. Mi hermana se lo quedó todo.
Para llegar en metro... Línea Ginza hasta Asakusa, buscáis la salida 3, subís las escaleras... y lo tendréis detrás ^^.
He hecho el bachillerato artístico, fue una de las mejores épocas de mi vida, pero sobretodo si de algo me ha servido es para saber que no soy artista. O quizá si. Mi frustración se debe a que decidí no nombrarme artista a partir de ver que no era capaz de encontrarle encanto a muchas obras de arte moderno. Será que me falta esa "chispa", el "eau de artista", para comprenderlo todo en un momento y llenar mi mundo de ultrasensibilidad y paranoya.
O quizá sea artista a mi manera. El caso es que tengo una manía de artistilla... se trata de tener "mi cuartel".
Santiago Rusiñol, Ramón casas... los impulsores del modernismo en Barcelona se reunían en el llamado bar "Els quatre gats".
Hemingway en sus largos años en Cuba, frecuentaba La Bodeguita del Medio...
Mi lugar es el Kamiya.
Un lugar amplio de comida occidental, de ambiente estilo años 20, con sillas de madera oscura y lámparas colgantes. Lo que primero me enganchó de ése lugar es sin duda la comida, pero luego me fui volviendo cada vez un poquito más adicta a la mesa del rincón del hall grande... hasta que se volvió mi rinconcito.
Sentada allí hago deberes, escribo, a veces simplemente veo como la gente viene y va. Pero esa mesa tiene algo que me inspira. Me gustaría llevarme el ordenador un día, a ver si con el magnetismo de ése asiento escribo el mejor texto de mi vida.
A los habitantes o futuros visitantes de Japón, nunca sé cuando iré al Kamiya; siempre es espontáneo... Pero si os pasarais un Jueves al mediodía tendríais muchos números de encontrarme allí ;)
¿Que cómo se llega? Es sencillo. Todos los más interesados conoceréis el famoso edificio de la cerveza Asahi, y su sospechosa forma:
Veis el puente rojo? El bar Kamiya está al otro lado del edificio de Asahi, osease, justo detrás de quienquiera que haya hecho ésa foto (no es mía ;) )
Para llegar en metro... Línea Ginza hasta Asakusa, buscáis la salida 3, subís las escaleras... y lo tendréis detrás ^^.
sábado, 24 de mayo de 2008
O2 - Orange Range
Orange Range es un grupo que me gusta bastante, pero no he podido evitar reírme con el nuevo videoclip... Se les ha ido mucho la olla. Es simplemente genial.
Es una parodia bastante obvia de los openings de anime, mezclado con la época samurái... no tiene desperdicio.
Aprovecho para decir que éste es el tema del opening de la nueva temporada de Code Geass, uno de los animes más populares actualmente en Japón. Se ven carteles por todas partes, es una invasión... A los interesados, probad a darle un vistazo ;)
Es una parodia bastante obvia de los openings de anime, mezclado con la época samurái... no tiene desperdicio.
Aprovecho para decir que éste es el tema del opening de la nueva temporada de Code Geass, uno de los animes más populares actualmente en Japón. Se ven carteles por todas partes, es una invasión... A los interesados, probad a darle un vistazo ;)
Curiosidad
Siempre me dicen que parezco más mayor de lo que soy. Siempre me salta alguien diciendo eso de "Nana, eres más madura de lo que te toca para tener 18".
Eso no me halaga (tampoco me ofende, no se alarmen), sinó que me intriga.
¿Qué es "parecer mayor"? o mejor dicho, ¿Qué es ser mayor?
La gente suele crear una relación inversamiente proporcional entre el realismo y la madurez. Si ése es el caso, es mentira que soy madura, soy una soñadora empedernida que fantasea con dar la vuelta al mundo, con volar hasta el espacio, con conocer el amor más grande que haya existido, con un mundo mejor y libre, con escribir una novela capaz de conmover. Por esa regla, entonces, soy una cría.
Parece ser que para hacerse mayor, la receta es:
Coger a un niño, matar su imaginación, sus sueños y sus fantasías; inculcarle un aura conformista y de pesimismo, ponerle a trabajar, y... ¡Hecho! Ya tenemos a un adulto.
Creo que aunque me salgan arrugas yo nunca me haré vieja. Hay demasiadas cosas que quiero saber, demasiado me queda por aprender. No me dará la vida para verlo todo, tengo demasiada curiosidad.
Cada día hago el mismo camino a la escuela.
Los asientos del tren en Japón están puestos en los laterales del vagón, de espaldas a la ventana. A pesar de que me sé el camino de memoria, siempre, siempre, me doy la vuelta sobre mí misma para mirar a través de la ventana. Los japoneses de mi alrededor me imagino que piensan que lo hago por que soy una turista, y quiero ver por dónde paso. Seguramente si supieran que he hecho ése camino cientos de veces se preguntarían por qué sigo dejándome el cuello al darme la vuelta para poder mirar al exterior.
Lo cierto es que no sé por qué. Simplemente creo que dormirme, o mirar los botones del traje del hombre de delante mío es una pérdida de tiempo. Necesito ver lo que me rodea. Supongo que de ahí viene también mi histérica manía de querer siempre y bajo cualquier condición sentarme en el asiento de ventanilla del avión. A pesar de que a medio vuelo me obligan a cerrarla para que la gente pueda dormir a oscuras, siempre la medio-abro a escondidas cuando creo que ya todo el mundo duerme, para no perderme el paisaje de las nubes blancas reflejando el sol.
Podría decirse que algo así es de críos. Sin embargo, me dicen que soy madura... bien, ¿en qué quedamos?
Yo diría que en empate.
Cuando animo a alguien a cumplir sus sueños, suelen resignarse diciendo: "Lo dejo por que soy realista, y sé que es imposible". Supongo que a ésa actitud le llaman madurez...
Uno es realista, dicen, cuando acepta cómo es la realidad. Pero la realidad la construímos nosotros; y nos hacemos a nosotros mismos. Para mí, venir a Japón hace años era un sueño, como el de muchos que me leen ahora. Si hubiese sido "realista", habría acabado quedándome "en tierra", preguntándome para siempre qué habría pasado si hubiese perseguido mis sueños. Ese "Y si..." que nos acosa a todos los humanos.
Pues voy a hacerlo. Voy a dar la vuelta al mundo, voy a escribir una novela capaz de conmover, voy a conocer el amor más grande que haya existido, voy a poner mi granito de arena para hacer un mundo mejor, y a pesar de que lo de volar hasta el espacio sea difícil, nunca dejaré de soñar con ello. ¿Soy una cría, verdad?
Eso no me halaga (tampoco me ofende, no se alarmen), sinó que me intriga.
¿Qué es "parecer mayor"? o mejor dicho, ¿Qué es ser mayor?
La gente suele crear una relación inversamiente proporcional entre el realismo y la madurez. Si ése es el caso, es mentira que soy madura, soy una soñadora empedernida que fantasea con dar la vuelta al mundo, con volar hasta el espacio, con conocer el amor más grande que haya existido, con un mundo mejor y libre, con escribir una novela capaz de conmover. Por esa regla, entonces, soy una cría.
Parece ser que para hacerse mayor, la receta es:
Coger a un niño, matar su imaginación, sus sueños y sus fantasías; inculcarle un aura conformista y de pesimismo, ponerle a trabajar, y... ¡Hecho! Ya tenemos a un adulto.
Creo que aunque me salgan arrugas yo nunca me haré vieja. Hay demasiadas cosas que quiero saber, demasiado me queda por aprender. No me dará la vida para verlo todo, tengo demasiada curiosidad.
Cada día hago el mismo camino a la escuela.
Los asientos del tren en Japón están puestos en los laterales del vagón, de espaldas a la ventana. A pesar de que me sé el camino de memoria, siempre, siempre, me doy la vuelta sobre mí misma para mirar a través de la ventana. Los japoneses de mi alrededor me imagino que piensan que lo hago por que soy una turista, y quiero ver por dónde paso. Seguramente si supieran que he hecho ése camino cientos de veces se preguntarían por qué sigo dejándome el cuello al darme la vuelta para poder mirar al exterior.
Lo cierto es que no sé por qué. Simplemente creo que dormirme, o mirar los botones del traje del hombre de delante mío es una pérdida de tiempo. Necesito ver lo que me rodea. Supongo que de ahí viene también mi histérica manía de querer siempre y bajo cualquier condición sentarme en el asiento de ventanilla del avión. A pesar de que a medio vuelo me obligan a cerrarla para que la gente pueda dormir a oscuras, siempre la medio-abro a escondidas cuando creo que ya todo el mundo duerme, para no perderme el paisaje de las nubes blancas reflejando el sol.
Podría decirse que algo así es de críos. Sin embargo, me dicen que soy madura... bien, ¿en qué quedamos?
Yo diría que en empate.
Cuando animo a alguien a cumplir sus sueños, suelen resignarse diciendo: "Lo dejo por que soy realista, y sé que es imposible". Supongo que a ésa actitud le llaman madurez...
Uno es realista, dicen, cuando acepta cómo es la realidad. Pero la realidad la construímos nosotros; y nos hacemos a nosotros mismos. Para mí, venir a Japón hace años era un sueño, como el de muchos que me leen ahora. Si hubiese sido "realista", habría acabado quedándome "en tierra", preguntándome para siempre qué habría pasado si hubiese perseguido mis sueños. Ese "Y si..." que nos acosa a todos los humanos.
Pues voy a hacerlo. Voy a dar la vuelta al mundo, voy a escribir una novela capaz de conmover, voy a conocer el amor más grande que haya existido, voy a poner mi granito de arena para hacer un mundo mejor, y a pesar de que lo de volar hasta el espacio sea difícil, nunca dejaré de soñar con ello. ¿Soy una cría, verdad?
viernes, 23 de mayo de 2008
Último tren
Sigo viva! Aunque ocupada. No panda el cúnico (que no es que cunda el pánico) que no abandono esto, señores.
Ahora que por fin llegó el buen tiempo, cálido pero agradable, y se puede ir en manga corta por la calle, se acerca la temporada de lluvias (Tsuyu). Cuando ésta pase, dejara como regalo el calor abrasador del verano japonés. Si esque esta gente no tiene punto intermedio...
Hoy he vuelto de trabajar con el último tren. Siempre vuelvo de trabajar con el último tren.
Es curioso, ése tren es diferente a los demás. Tiene una atmósfera diferente.
Cuando cojo el tren de la mañana, como tantas veces he descrito, se respira ese ambiente de "me acabo de levantar, tengo sueño pero me tengo que ir a trabajar". Es una atmósfera entre frustración, cansancio y cabreo, sumida en un silencio abrumador.
El último tren es sin embargo el de la gente que vuelve a casa, ya sea del trabajo, de fiesta, de donde sea. Los hay que caen dormidos al instante, los hay que parlotean entre ellos, los hay que intentan aguantarse de pie pese a la borrachera...
Y de borracheras voy a hablar.
No mías, precisamente. Todo el que me conozca sabrá que conseguir que una copa de alcohol entre en mi cuerpo es difícil, muy difícil; y cada vez me vuelvo más intolerante a esa bebida.
Os voy a hablar de borracheras ajenas, que son siempre más divertidas.
Un día volviendo del trabajo, el último tren estaba inusualmente vacío, y por obra y gracia de dios había... ¡asientos libres y todo!
Me senté corriendo (cuando llevas 11 horas trabajando te importa un pimiento lo de ponerte a mirar a ver si hay alguna pobre abuelita a quien cederle el sitio... además, NUNCA hay abuelas en el último tren; es un misterio). A mi lado se sentó un hombre de pasados 40, que apestaba a cerveza y se durmió abrazado a una guitarra, envuelta en una funda horrorosa de estampados de color marrón.
En uno de esos meneos bruscos tan típicos de los trenes, me hizo gracia ver que al hombre se le cayó la guitarra al suelo, montando un escándalo que todos los del tren dimos un salto... menos él, que siguió durmiendo plácidamente.
Cuando llegó a su parada, se despertó gracias al chip incrustado en el cerebro que tienen todos los japoneses para despertarse dos segundos antes de llegar a su parada, sin importar lo borrachos o profundamente dormidos que estén.
Pero se fue como los burros (osease, de golpe y directo), dejando la guitarra tirada en el suelo.
Yo le grité: ¡Oye, te dejas la guitarra!
Se giró como si le hubiese insultado, y me contestó gruñendo: Yo no la quiero, ya. Te la puedes quedar.
Y éste es mi bonito recuerdo de ése día:

No sé tocar la guitarra, nunca he sabido, y a pesar de que conservo la esperanza de aprender algún día, no sé si mi paciencia me lo permitiría. Sin embargo éste trasto se ha vuelto un objeto valioso para mí. Me dice muchas cosas y a la vez nada. Cada vez que la miro, me pregunto qué clase de persona era su dueño (al que no pude conocer muy profundamente que se diga). Me pregunto hasta qué punto sabría tocarla, cuántos años hacía que la tenía, si la compró o se la regalaron...
Huele a viejo, y tiene una pegatina en el interior que pone "Fabricada en Nagoya por G.Yamada".
¿Acaso su dueño vivía en Nagoya? ¿Qué hacía en Tokyo? Y lo más importante... ¿Hasta qué punto estará arrepintiéndose ahora de haberme dado su guitarra con tanto desinterés?
Cada vez que la miro, metida en su funda horrible (que he preferido no fotografiar) me pregunto todas ésas cosas. Sé que nunca las llegaré a saber, supongo que es por eso que le he tomado cariño a mi nuevo juguetito. Es un misterio para mí en todos sus aspectos. Siempre esta ahí, apoyada en la pared, como si me observara, y siento que si pudiese hablar tendría tantas cosas que contarme...
Recuerdo que ése hombre no me dijo "No la quiero"; sinó "Ya no la quiero". ¿Qué sucedió para que quisiera deshacerse de ella?
Desde luego ése día cuando subí al último tren nunca esperé que llegaría a casa con semejante cosa entre mis manos. Sin embargo, llamadme soñadora tonta, pero creo que conseguir algo así debe tener algo que ver con éso que llaman destino. Quizá aprender a tocarla sea algo prioritario para mi vida, y yo hasta ahora sin saberlo.
Ahora que por fin llegó el buen tiempo, cálido pero agradable, y se puede ir en manga corta por la calle, se acerca la temporada de lluvias (Tsuyu). Cuando ésta pase, dejara como regalo el calor abrasador del verano japonés. Si esque esta gente no tiene punto intermedio...
Hoy he vuelto de trabajar con el último tren. Siempre vuelvo de trabajar con el último tren.
Es curioso, ése tren es diferente a los demás. Tiene una atmósfera diferente.
Cuando cojo el tren de la mañana, como tantas veces he descrito, se respira ese ambiente de "me acabo de levantar, tengo sueño pero me tengo que ir a trabajar". Es una atmósfera entre frustración, cansancio y cabreo, sumida en un silencio abrumador.
El último tren es sin embargo el de la gente que vuelve a casa, ya sea del trabajo, de fiesta, de donde sea. Los hay que caen dormidos al instante, los hay que parlotean entre ellos, los hay que intentan aguantarse de pie pese a la borrachera...
Y de borracheras voy a hablar.
No mías, precisamente. Todo el que me conozca sabrá que conseguir que una copa de alcohol entre en mi cuerpo es difícil, muy difícil; y cada vez me vuelvo más intolerante a esa bebida.
Os voy a hablar de borracheras ajenas, que son siempre más divertidas.
Un día volviendo del trabajo, el último tren estaba inusualmente vacío, y por obra y gracia de dios había... ¡asientos libres y todo!
Me senté corriendo (cuando llevas 11 horas trabajando te importa un pimiento lo de ponerte a mirar a ver si hay alguna pobre abuelita a quien cederle el sitio... además, NUNCA hay abuelas en el último tren; es un misterio). A mi lado se sentó un hombre de pasados 40, que apestaba a cerveza y se durmió abrazado a una guitarra, envuelta en una funda horrorosa de estampados de color marrón.
En uno de esos meneos bruscos tan típicos de los trenes, me hizo gracia ver que al hombre se le cayó la guitarra al suelo, montando un escándalo que todos los del tren dimos un salto... menos él, que siguió durmiendo plácidamente.
Cuando llegó a su parada, se despertó gracias al chip incrustado en el cerebro que tienen todos los japoneses para despertarse dos segundos antes de llegar a su parada, sin importar lo borrachos o profundamente dormidos que estén.
Pero se fue como los burros (osease, de golpe y directo), dejando la guitarra tirada en el suelo.
Yo le grité: ¡Oye, te dejas la guitarra!
Se giró como si le hubiese insultado, y me contestó gruñendo: Yo no la quiero, ya. Te la puedes quedar.
Y éste es mi bonito recuerdo de ése día:
No sé tocar la guitarra, nunca he sabido, y a pesar de que conservo la esperanza de aprender algún día, no sé si mi paciencia me lo permitiría. Sin embargo éste trasto se ha vuelto un objeto valioso para mí. Me dice muchas cosas y a la vez nada. Cada vez que la miro, me pregunto qué clase de persona era su dueño (al que no pude conocer muy profundamente que se diga). Me pregunto hasta qué punto sabría tocarla, cuántos años hacía que la tenía, si la compró o se la regalaron...
Huele a viejo, y tiene una pegatina en el interior que pone "Fabricada en Nagoya por G.Yamada".
¿Acaso su dueño vivía en Nagoya? ¿Qué hacía en Tokyo? Y lo más importante... ¿Hasta qué punto estará arrepintiéndose ahora de haberme dado su guitarra con tanto desinterés?
Cada vez que la miro, metida en su funda horrible (que he preferido no fotografiar) me pregunto todas ésas cosas. Sé que nunca las llegaré a saber, supongo que es por eso que le he tomado cariño a mi nuevo juguetito. Es un misterio para mí en todos sus aspectos. Siempre esta ahí, apoyada en la pared, como si me observara, y siento que si pudiese hablar tendría tantas cosas que contarme...
Recuerdo que ése hombre no me dijo "No la quiero"; sinó "Ya no la quiero". ¿Qué sucedió para que quisiera deshacerse de ella?
Desde luego ése día cuando subí al último tren nunca esperé que llegaría a casa con semejante cosa entre mis manos. Sin embargo, llamadme soñadora tonta, pero creo que conseguir algo así debe tener algo que ver con éso que llaman destino. Quizá aprender a tocarla sea algo prioritario para mi vida, y yo hasta ahora sin saberlo.
martes, 20 de mayo de 2008
Mi trabajo
Como dije, os pongo unas fotitos del humilde restaurante donde trabajo:
Saliendo de la estación de Shibuya por la salida de Hachiko, cruzáis el archiconocido cruce y subís hasta la calle de Shibuya center.
Hasta encontrar la famosa comisaría de policía redonda (foto) que en tantos mangas ha salido (por ejemplo, en Gals, es la comisaría donde trabaja la família de Ran... si no recuerdo mal). Sigues recto por la derecha y llegas a mi tienda:

Un humilde restaurante llamado "Soup-ya". Con un menú occidental pero sin nacionalidad definida. Si me encontráseis trabajando en ése momento... os invito al postre ;)
La página web: http://www.soup-ya.com/
Saliendo de la estación de Shibuya por la salida de Hachiko, cruzáis el archiconocido cruce y subís hasta la calle de Shibuya center.
Un humilde restaurante llamado "Soup-ya". Con un menú occidental pero sin nacionalidad definida. Si me encontráseis trabajando en ése momento... os invito al postre ;)
La página web: http://www.soup-ya.com/
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