¡Hola!
Supongo que ya habréis notado que hace días que no escribo... empieza la recta final de la universidad y ando floja de inspiración, así que me temo que voy a tener que tomarme una pequeña pausa para refrescar ideas (*suspira de frustración*).
Y bueno, aprovecho para decir una cosita... He notado que la dirección de correo del apartado de "contacto" falla un poco, y hay veces que no recibo los e-mails... no sé si esto os habrá pasado, pues obviamente si me habéis enviado algo no lo he recibido, ejem ejem... pero agradecería a la gente que me ha enviado algun correo en los últimos dos meses (o incluso más, quién sabe) y que no haya recibido respuesta, que chequee su bandeja de salida y me reenvie el correo, por favor ;)
¡Un beso enorme! Y seguiré recolectando ideas para volver en breve...
domingo, 24 de mayo de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
¡Ups!
A todo aquel que se haya entretenido (o torturado) en aprender una lengua nueva y misteriosa, le habrán surgido necesariamente situaciones embarazosas.
Recuerdo a una ex-profesora de inglés de la secundaria. Nos contó abochornada que en sus últimas vacaciones a Londres había pronunciado mal la frase "I'm going to clean the sheet of the cradle" (Voy a limpiar la sábana de la cuna) y sonó como "I'm going to clean the shit of the cradle" (Voy a limpiar la mierda de la cuna), como si para ella retirar las necesidades de su propio bebé fuese algo totalmente engorroso y repugnante. Al parecer la mujer de la recepción del hotel quedó escandalizada al oírle decir eso.
Yo tampoco me libré. Tuve situaciones bastante llevaderas dentro de lo bochornoso, como por ejemplo un día en el parque de Yoyogi. Se nos acercó un gato a mi amiga y a mí. Quise darle algo de comer, y acabé hallando una cajita de galletitas en forma de koala que llevaba yo en el bolso. Rompí un trocito y le dije a mi amiga:
Kore, kuusou da ne...
これ、食うそうだね・・・
Quizás esto pueda comérselo...
A lo que mi amiga comenzó a reírse. Tardé poco en captar que lo había pronunciado como:
Kore, kuso da ne...
これ、クソだね・・・
Esto es una mierda...
Más tarde descubriría que el verbo "Kuu" para decir "comer" era además una forma muy basta y masculina de referirse a esa acción. ¡No acerté ni una!
Otra bastante bochornosa fue en el trabajo. Se nos estropearon las máquinas electrónicas de tomar las órdenes y estuvimos un par de días tomando las notas a mano. Yo lo pasaba mal porque tenía que escribir muy rápido y para que se me entendiese. Un día me pidieron un zumo de mango, que se escribe:
マンゴジュース
Mango juusu
Pero con las prisas escribí:
マンコジュース
Manko juusu
Fue tan simple como dejarse las comillas en el "Ko" para que pasase de ser "Mango" a "Manko". No me di cuenta, y cuando lo llevé a cocina comenzaron a reírse de lo lindo.
Manko juusu = Zumo de coño.
Pero el peor y más horrible fue un lapsus que me duró durante meses. En japonés formal suelen poner la letra "o" delante de muchos sustantivos que en lenguaje coloquial se escriben sin esta vocal. Por ejemplo...
お花 = Ohana (flor)
花 = Hana (flor)
Significan lo mismo, pero una es más formal que la otra. Pues bien, eso que me tomé yo la norma al pie de la letra... y los primeros meses le ponía "o" a todo lo que se movía.
Se estila mucho en Japón la moda del "eco bag", de llevar una bolsa de ropa para la compra para así entre todos reducir el uso de las bolsas de plástico. Obviamente, tenías que decir que no te diesen bolsa, por lo que la frase era:
"袋はいらないです" : Fukuro ha iranai desu.
Pero yo muy convencida le plantaba la o:
"オフクロはいらないです" : Ofukuro ha iranai desu.
Tardé la friolera de seis meses en descubrir (y de rebote) que a fukuro no se le ponía la "o" delante porque el significado cambiaba. Ofukuro significa "madre". ¡¡Llevaba todo ese tiempo diciendo en todas las tiendas: "No quiero a mi madre"!! ¡Mamá, lo siento!
Moraleja... está bien tener cuidado con las nuevas lenguas, pero... de vez en cuando es divertido recordar lo mucho que debieron reírse los autóctonos de nuestros deslices.
Recuerdo a una ex-profesora de inglés de la secundaria. Nos contó abochornada que en sus últimas vacaciones a Londres había pronunciado mal la frase "I'm going to clean the sheet of the cradle" (Voy a limpiar la sábana de la cuna) y sonó como "I'm going to clean the shit of the cradle" (Voy a limpiar la mierda de la cuna), como si para ella retirar las necesidades de su propio bebé fuese algo totalmente engorroso y repugnante. Al parecer la mujer de la recepción del hotel quedó escandalizada al oírle decir eso.
Yo tampoco me libré. Tuve situaciones bastante llevaderas dentro de lo bochornoso, como por ejemplo un día en el parque de Yoyogi. Se nos acercó un gato a mi amiga y a mí. Quise darle algo de comer, y acabé hallando una cajita de galletitas en forma de koala que llevaba yo en el bolso. Rompí un trocito y le dije a mi amiga:
Kore, kuusou da ne...
これ、食うそうだね・・・
Quizás esto pueda comérselo...
A lo que mi amiga comenzó a reírse. Tardé poco en captar que lo había pronunciado como:
Kore, kuso da ne...
これ、クソだね・・・
Esto es una mierda...
Más tarde descubriría que el verbo "Kuu" para decir "comer" era además una forma muy basta y masculina de referirse a esa acción. ¡No acerté ni una!
Otra bastante bochornosa fue en el trabajo. Se nos estropearon las máquinas electrónicas de tomar las órdenes y estuvimos un par de días tomando las notas a mano. Yo lo pasaba mal porque tenía que escribir muy rápido y para que se me entendiese. Un día me pidieron un zumo de mango, que se escribe:
マンゴジュース
Mango juusu
Pero con las prisas escribí:
マンコジュース
Manko juusu
Fue tan simple como dejarse las comillas en el "Ko" para que pasase de ser "Mango" a "Manko". No me di cuenta, y cuando lo llevé a cocina comenzaron a reírse de lo lindo.
Manko juusu = Zumo de coño.
Pero el peor y más horrible fue un lapsus que me duró durante meses. En japonés formal suelen poner la letra "o" delante de muchos sustantivos que en lenguaje coloquial se escriben sin esta vocal. Por ejemplo...
お花 = Ohana (flor)
花 = Hana (flor)
Significan lo mismo, pero una es más formal que la otra. Pues bien, eso que me tomé yo la norma al pie de la letra... y los primeros meses le ponía "o" a todo lo que se movía.
Se estila mucho en Japón la moda del "eco bag", de llevar una bolsa de ropa para la compra para así entre todos reducir el uso de las bolsas de plástico. Obviamente, tenías que decir que no te diesen bolsa, por lo que la frase era:
"袋はいらないです" : Fukuro ha iranai desu.
Pero yo muy convencida le plantaba la o:
"オフクロはいらないです" : Ofukuro ha iranai desu.
Tardé la friolera de seis meses en descubrir (y de rebote) que a fukuro no se le ponía la "o" delante porque el significado cambiaba. Ofukuro significa "madre". ¡¡Llevaba todo ese tiempo diciendo en todas las tiendas: "No quiero a mi madre"!! ¡Mamá, lo siento!
Moraleja... está bien tener cuidado con las nuevas lenguas, pero... de vez en cuando es divertido recordar lo mucho que debieron reírse los autóctonos de nuestros deslices.
miércoles, 29 de abril de 2009
Maestro
Hoy os hago media-publicidad y todo.
Me he quedado perpleja al ver un aviso de correos que decía que había un paquete para mí.
"Será algo de Japón..." he sospechado, pero esa teoría ha quedado descartada al decir la nota (únicamente) que el envío venía desde Barcelona.
Al tenerlo al fin en mis manos... he sonreído al ver el remitente.
"¡Maestro!" he pensado. Ya os he hablado alguna vez de él... ese hombre que me dió el empujón definitivo que me lanzó a convertirme en lo que soy ahora, una de las personas que me ha enseñado más en la vida... Ese que me dijo "Yo sé que a Japón, más que ir a encontrar algo... has ido a encontrarte a ti misma". Os pondré aquí la cita de lo que comenté de él en este blog hace ya meses:
Me he quedado perpleja al ver un aviso de correos que decía que había un paquete para mí.
"Será algo de Japón..." he sospechado, pero esa teoría ha quedado descartada al decir la nota (únicamente) que el envío venía desde Barcelona.
Al tenerlo al fin en mis manos... he sonreído al ver el remitente.
"¡Maestro!" he pensado. Ya os he hablado alguna vez de él... ese hombre que me dió el empujón definitivo que me lanzó a convertirme en lo que soy ahora, una de las personas que me ha enseñado más en la vida... Ese que me dijo "Yo sé que a Japón, más que ir a encontrar algo... has ido a encontrarte a ti misma". Os pondré aquí la cita de lo que comenté de él en este blog hace ya meses:
El día que le confesé sin previo aviso que tenía intención de venir aquí, esperaba, como de todo ser humano al que le había dicho eso, que me deseara suerte o me preguntara sobre mis intenciones, incluso que se sorprendiera y empezara a hacer preguntas de cualquier tipo.
Sin embargo se quedó callado unos segundos, se rascó la barbilla, y me miró diciendo:
Me parece bien, pero recuerda, no vayas como una turista, sino como una viajera.
Sin embargo se quedó callado unos segundos, se rascó la barbilla, y me miró diciendo:
Me parece bien, pero recuerda, no vayas como una turista, sino como una viajera.
El paquete era un libro, un libro suyo. Ha salido de su mente y, pese a tanto tiempo sin verle, se ha acordado de mí y me lo ha hecho llegar. ¡Tengo tantas cosas que contarle! No puedo esperar a volver a verle para decirle que hoy las letras son también mi vida.

El libro venía dedicado.
No me quedan palabras... ¿Tenéis vosotros un gran maestro? ¿Una de esas personas sin cuya aparición en vuestras vidas no habríais llegado a ser lo que sois?

El libro venía dedicado.
"Para las dos Marta Narváez (La inteligente y la otra, más importante). Con el afecto de este ex-profesor".
No me quedan palabras... ¿Tenéis vosotros un gran maestro? ¿Una de esas personas sin cuya aparición en vuestras vidas no habríais llegado a ser lo que sois?
domingo, 26 de abril de 2009
Juliet y su teoría del sueño cumplido
El día que conocí a Juliet prometía ser uno de esos tan normales, tan monótonos que rozan lo indignante. Estaba yo trabajando en mi pequeño restaurante en Shibuya...
- ¿Dónde va esto? - tomo los platos y pregunto al cocinero, Hasebe Jun. Un gran hombre metido en un cuerpo alarmantemente pequeño.
- A la cincuenta y dos... el grupo de mujeres de las risotadas- responde.
"El grupo de mujeres de las risotadas". Bueno, sí era cierto que había allí un grupo de cinco o seis mujeres de mediana edad que parecían estar pasándolo en grande...
- Sopa de calabaza...- murmuro sin esperanza alguna de ser escuchada.
- Oh, sí, espera... no sé. ¿De quién es esto?- dice una sin mirarme. De repente se tornó para contemplar el plato que yo cargaba entre manos, supuse que con la esperanza de que al observarlo recordase de repente quién lo había pedido.
Pero, tras mirar al plato, su mirada se desvió a mi rostro.
- ¡Ahi va! ¿Una gaijin-san?
Solté mi risa incómoda.
- Ehh... sí, bueno... - El plato quemaba, quería soltarlo ya.
- ¡Vaya, qué graciosa! Yo me llamo Ayako, pero todos me llaman Juliet...
Comenzó a contarme que nació en Okinawa, pero que trabajaba en Tokio para una agencia de publicidad. Me habló de sus hijos, de su familia, de sus viajes... hasta que la sopa en mis manos se enfrió. Parecía una mujer cargada de energía, con ganas de conocer a todo el mundo que se le pusiera por delante.
- Me has caído bien, Nana - me dijo finalmente tras nuestra larga conversación.- Eres la primera gaijin que conozco personalmente en Tokio, y eso me hace mucha ilusión. Vendré otro día a comer aquí y a ver si te dejan sentarte a hablar conmigo.
Sinceramente, nunca esperé que lo hiciese de verdad. Tokio es mundialmente conocida por ser la ciudad de la promesa incumplida, la ciudad del "ya quedaremos" o del "volveré" que nunca se da en la realidad.
Pero volvió. Volvió Juliet unos días más tarde, y mi adorado encargado me dejó sentarme junto a ella un rato.
Tras unos minutos de conversación, salió el tema de los sueños de futuro. Ella parecía ser una persona de las que ha visto mundo, pues a cada tema le añadía un color distinto, un foco desde el que yo nunca antes había visto las cosas.
- ¿Qué quieres hacer?- preguntó.
- Pues... voy para traductora, pero me apasiona escribir.
Removió el té con la cuchara.
- ¿Te gusta escribir?
- Mucho.
- ¿Y sabe el mundo que te gusta escribir?
Me chocó un poco la pregunta. No era la clase de desarrollo que la gente solía hacer del tema cuando lo comentaba.
- Bueno... tengo un blog, y de vez en cuando escribo algo.
Se puso un poco más seria.
- ¿Gritas al mundo y a los cuatro vientos que quieres escribir? ¿Dices a todo aquel que conoces que ese es tu sueño? ¿Admites sin reparo alguno que es ese tu objetivo?
Me costó un poco responder.
- No... bueno, no sé. Lo digo, pero pongamos que no lo grito...
- Pues grítalo- asintió con la cabeza. - Verás...- sacó un boli y un papel de su enorme bolso y los posó sobre la mesa. Dibujó esto:

- ¿Qué significa este kanji? - me preguntó.
- Boca- respondo intrigada.
Dibujó este otro a continuación:
- ¿Y éste?
- Diez... - no entendía nada.
- Bien, pues ahora dime qué significa este otro:
Parpadeé con sorpresa antes de responder. Comenzaba a entenderlo.
- Kanau... cumplirse un sueño.
- ¡Ajá! Diez y boca... cumplirse. Si lo dices diez veces, el sueño se cumplirá.
Sonreí con satisfacción al notar el mensaje que me acababa de enviar, el regalo de por vida que acababa de hacerme.
- Grita a los cuatro vientos los sueños de tu vida. Sólo así la gente sabrá de ellos, y sólo así podrán cumplirse- sentenció, y su sonrisa, junto a la nota que dejó sobre la mesa... son dos cosas que jamás olvidaré.
- ¿Dónde va esto? - tomo los platos y pregunto al cocinero, Hasebe Jun. Un gran hombre metido en un cuerpo alarmantemente pequeño.
- A la cincuenta y dos... el grupo de mujeres de las risotadas- responde.
"El grupo de mujeres de las risotadas". Bueno, sí era cierto que había allí un grupo de cinco o seis mujeres de mediana edad que parecían estar pasándolo en grande...
- Sopa de calabaza...- murmuro sin esperanza alguna de ser escuchada.
- Oh, sí, espera... no sé. ¿De quién es esto?- dice una sin mirarme. De repente se tornó para contemplar el plato que yo cargaba entre manos, supuse que con la esperanza de que al observarlo recordase de repente quién lo había pedido.
Pero, tras mirar al plato, su mirada se desvió a mi rostro.
- ¡Ahi va! ¿Una gaijin-san?
Solté mi risa incómoda.
- Ehh... sí, bueno... - El plato quemaba, quería soltarlo ya.
- ¡Vaya, qué graciosa! Yo me llamo Ayako, pero todos me llaman Juliet...
Comenzó a contarme que nació en Okinawa, pero que trabajaba en Tokio para una agencia de publicidad. Me habló de sus hijos, de su familia, de sus viajes... hasta que la sopa en mis manos se enfrió. Parecía una mujer cargada de energía, con ganas de conocer a todo el mundo que se le pusiera por delante.
- Me has caído bien, Nana - me dijo finalmente tras nuestra larga conversación.- Eres la primera gaijin que conozco personalmente en Tokio, y eso me hace mucha ilusión. Vendré otro día a comer aquí y a ver si te dejan sentarte a hablar conmigo.
Sinceramente, nunca esperé que lo hiciese de verdad. Tokio es mundialmente conocida por ser la ciudad de la promesa incumplida, la ciudad del "ya quedaremos" o del "volveré" que nunca se da en la realidad.
Pero volvió. Volvió Juliet unos días más tarde, y mi adorado encargado me dejó sentarme junto a ella un rato.
Tras unos minutos de conversación, salió el tema de los sueños de futuro. Ella parecía ser una persona de las que ha visto mundo, pues a cada tema le añadía un color distinto, un foco desde el que yo nunca antes había visto las cosas.
- ¿Qué quieres hacer?- preguntó.
- Pues... voy para traductora, pero me apasiona escribir.
Removió el té con la cuchara.
- ¿Te gusta escribir?
- Mucho.
- ¿Y sabe el mundo que te gusta escribir?
Me chocó un poco la pregunta. No era la clase de desarrollo que la gente solía hacer del tema cuando lo comentaba.
- Bueno... tengo un blog, y de vez en cuando escribo algo.
Se puso un poco más seria.
- ¿Gritas al mundo y a los cuatro vientos que quieres escribir? ¿Dices a todo aquel que conoces que ese es tu sueño? ¿Admites sin reparo alguno que es ese tu objetivo?
Me costó un poco responder.
- No... bueno, no sé. Lo digo, pero pongamos que no lo grito...
- Pues grítalo- asintió con la cabeza. - Verás...- sacó un boli y un papel de su enorme bolso y los posó sobre la mesa. Dibujó esto:

- ¿Qué significa este kanji? - me preguntó.
- Boca- respondo intrigada.
Dibujó este otro a continuación:
- ¿Y éste?- Diez... - no entendía nada.
- Bien, pues ahora dime qué significa este otro:
Parpadeé con sorpresa antes de responder. Comenzaba a entenderlo.- Kanau... cumplirse un sueño.
- ¡Ajá! Diez y boca... cumplirse. Si lo dices diez veces, el sueño se cumplirá.
Sonreí con satisfacción al notar el mensaje que me acababa de enviar, el regalo de por vida que acababa de hacerme.
- Grita a los cuatro vientos los sueños de tu vida. Sólo así la gente sabrá de ellos, y sólo así podrán cumplirse- sentenció, y su sonrisa, junto a la nota que dejó sobre la mesa... son dos cosas que jamás olvidaré.
sábado, 25 de abril de 2009
Sant Jordi
Existe en mi tierra una tradición milenaria, fruto de una antigua leyenda... cuya conmemoración se celebra cada 23 de Abril.
En ese día, los hombres regalan a sus amadas una rosa roja, y las mujeres obsequian a sus hombres con un libro. Con los años esta tradición ha terminado extendiéndose a los padres e hijos, amigos y hermanos... hasta el punto en que una chica puede acabar recibiendo una rosa de cualquier persona cercana a ella, al igual que ocurre a los chicos con los libros.
La rosa es un símbolo de aprecio, una demostración de amor, amistad y cariño, un obsequio bello a la par de efímero. Ese 23 de Abril, Cataluña entera se cubre de rosas.
Hacía ya dos años que no vivía este día. El último 23 de Abril lo pasé en el Sol Naciente, y para mí, en esas tierras, no fue más que una jornada de trabajo cualquiera.
Ayer, día de Sant Jordi, volví a casa tras quedar con mis amigos... y me encontré cuatro rosas en un jarrón del comedor.
- ¿Estas son las que ha comprado papá?- pregunté.
- Sí. Una para cada una de sus hijas, y la mía- respondió mi madre.
Cuatro rosas. Qué curioso, mis dos hermanas ya no viven en casa desde hace tiempo... ¿Por qué compraba mi padre cuatro rosas, si mis hermanas ni siquiera las verían?
Y entonces,noté en mí la siempre presente chispa de la curiosidad.
- Mamá... ¿Cuando yo estaba en Tokio, papá me compró una rosa de todas maneras?
- Claro que lo hizo. Ya conoces a tu padre...
Me quedé pensando con la mirada perdida entre las cuatro flores. Mi padre, ya un año atrás, me regaló una rosa roja, un símbolo de amor y cariño... que sabía que yo nunca iba a recibir. Compró una rosa por mí, me hizo ese regalo... sin esperar que yo nunca lo llegase a saber.
Qué extraño, y a la vez qué hermoso... pensar en esa rosa de hace ya un año con mi nombre grabado en el espíritu, que se marchitó sin haber llegado nunca a estar en mis manos. Qué extraño, y a la vez qué hermoso... pensar que mi padre me hizo ese obsequio en silencio, ese pequeño gritito de amor sin esperanza de ser nunca oído.
Me llega ahora. Me llega ahora, el mensaje de esa rosa... y con más, mucha más fuerza.
No existe tesoro más abrumador que el amor de verdad, el que no siempre se muestra, el que existe a la luz... pero también en la sombra.
En ese día, los hombres regalan a sus amadas una rosa roja, y las mujeres obsequian a sus hombres con un libro. Con los años esta tradición ha terminado extendiéndose a los padres e hijos, amigos y hermanos... hasta el punto en que una chica puede acabar recibiendo una rosa de cualquier persona cercana a ella, al igual que ocurre a los chicos con los libros.
La rosa es un símbolo de aprecio, una demostración de amor, amistad y cariño, un obsequio bello a la par de efímero. Ese 23 de Abril, Cataluña entera se cubre de rosas.
Hacía ya dos años que no vivía este día. El último 23 de Abril lo pasé en el Sol Naciente, y para mí, en esas tierras, no fue más que una jornada de trabajo cualquiera.
Ayer, día de Sant Jordi, volví a casa tras quedar con mis amigos... y me encontré cuatro rosas en un jarrón del comedor.
- ¿Estas son las que ha comprado papá?- pregunté.
- Sí. Una para cada una de sus hijas, y la mía- respondió mi madre.
Cuatro rosas. Qué curioso, mis dos hermanas ya no viven en casa desde hace tiempo... ¿Por qué compraba mi padre cuatro rosas, si mis hermanas ni siquiera las verían?
Y entonces,noté en mí la siempre presente chispa de la curiosidad.
- Mamá... ¿Cuando yo estaba en Tokio, papá me compró una rosa de todas maneras?
- Claro que lo hizo. Ya conoces a tu padre...
Me quedé pensando con la mirada perdida entre las cuatro flores. Mi padre, ya un año atrás, me regaló una rosa roja, un símbolo de amor y cariño... que sabía que yo nunca iba a recibir. Compró una rosa por mí, me hizo ese regalo... sin esperar que yo nunca lo llegase a saber.
Qué extraño, y a la vez qué hermoso... pensar en esa rosa de hace ya un año con mi nombre grabado en el espíritu, que se marchitó sin haber llegado nunca a estar en mis manos. Qué extraño, y a la vez qué hermoso... pensar que mi padre me hizo ese obsequio en silencio, ese pequeño gritito de amor sin esperanza de ser nunca oído.
Me llega ahora. Me llega ahora, el mensaje de esa rosa... y con más, mucha más fuerza.
No existe tesoro más abrumador que el amor de verdad, el que no siempre se muestra, el que existe a la luz... pero también en la sombra.
viernes, 17 de abril de 2009
El hada en la burbuja de cristal
Dediqué mi vida a recorrer el planeta entero en busca del conocimiento absoluto. Mis pesquisas me llevaron a los cuatro rincones del globo, a mar y montaña, al cielo y al infierno. Hallé magia en estado puro y pesadillas en la realidad. De eso salió un libro de fotografías y unos cuentos anecdóticos, entretenidos a la par de superficiales, que me solucionaron económicamente la vida hasta el fin de mis días.
Reconozco que no vi más allá que lo que estuvo frente a mis ojos. Para mí, la vida fue poco más que un conjunto de retratos, la visión desde la distancia de un mundo que me rodeaba, pero que no se movía en sintonía conmigo mismo.
Uno de los momentos más extraños en mi vida fue el momento, en uno de mis viajes, en que encontré a una pequeña hada. Centelleaba como las estrellas, era pequeña y veloz. Ignorante de mí, lejos de intentar comprender su existencia, busqué atraparla y encerrarla en una burbuja de cristal para poder observarla hasta el fin de mis días. Furiosa, el hada me maldijo: Me dijo que el día en que ella murise, yo moriría minutos después.
Recuerdo el momento en que ese fulgor de su piel comenzó a apagarse. Apoyándose moribunda en el cristal de su burbuja, me miró con rencor y me dijo:
- Qué triste tu existencia, que morirás junto a mí, el fruto de tu superficial curiosidad...
Mi ignorante persona no pudo responder más que:
- Yo he estado en los cinco continentes y en los siete mares, he visto todos los paisajes de este globo y he vivido largos años. ¿Qué vas a decirme, insignificante de ti, que has vivido encerrada en una burbuja?
Sonrió antes de morir:
- Crees saber del infinito universo porque has visto un mundo. Yo, en mi burbuja, he tenido tiempo de aprenderlo todo de mí misma. Envídiame, humano, porque tu conocimiento es ínfimo y el mío incalculable.
No comprendí sus palabras hasta que no dejé de respirar junto a ella. No comprendí sus palabras hasta que, en mi último aliento, me paré a preguntarme quién era yo.
Reconozco que no vi más allá que lo que estuvo frente a mis ojos. Para mí, la vida fue poco más que un conjunto de retratos, la visión desde la distancia de un mundo que me rodeaba, pero que no se movía en sintonía conmigo mismo.
Uno de los momentos más extraños en mi vida fue el momento, en uno de mis viajes, en que encontré a una pequeña hada. Centelleaba como las estrellas, era pequeña y veloz. Ignorante de mí, lejos de intentar comprender su existencia, busqué atraparla y encerrarla en una burbuja de cristal para poder observarla hasta el fin de mis días. Furiosa, el hada me maldijo: Me dijo que el día en que ella murise, yo moriría minutos después.
Recuerdo el momento en que ese fulgor de su piel comenzó a apagarse. Apoyándose moribunda en el cristal de su burbuja, me miró con rencor y me dijo:
- Qué triste tu existencia, que morirás junto a mí, el fruto de tu superficial curiosidad...
Mi ignorante persona no pudo responder más que:
- Yo he estado en los cinco continentes y en los siete mares, he visto todos los paisajes de este globo y he vivido largos años. ¿Qué vas a decirme, insignificante de ti, que has vivido encerrada en una burbuja?
Sonrió antes de morir:
- Crees saber del infinito universo porque has visto un mundo. Yo, en mi burbuja, he tenido tiempo de aprenderlo todo de mí misma. Envídiame, humano, porque tu conocimiento es ínfimo y el mío incalculable.
No comprendí sus palabras hasta que no dejé de respirar junto a ella. No comprendí sus palabras hasta que, en mi último aliento, me paré a preguntarme quién era yo.
Muerto
Es curioso el morir. Te crees que vas a ir a una dimensión distinta, que vivirás en el paraíso, que volverás a nacer, que... que todo. Te crees que morir es la hostia, vamos.
Pero ves que cuando mueres no te tienes ni a ti mismo. Cesas de existir, no está ya tu cuerpo y tu mente se dispersa por momentos, se vuelve una con el universo. Recuerdo ese momento. El momento de unirme con el planeta, el momento de pasar a ser parte del viento. No pensaba, no me preocupaba, no sonreía. Simplemente, ya no estaba.
Antes de desaparecer por completo, recuerdo haber hablado conmigo mismo. Me resistía a desaparecer, me batía contra la ley universal de todas las cosas. Una parte en mí me decía que entrara, que me dejase llevar... pero mi maldito ego, mi parte todavía consciente se preguntaba esos miles de millones de cosas que te trae el morir, los innumerables "¿Y si?"
"¿Qué va a pasar con mi familia? ¡No puedo dejarles solos!"
"¿Y esa novela que dejé sin terminar? ¡Alguien tiene que acabarla!"
"¿Y mis amigos? ¿Y mi perro? Lo dejé en el patio encerrado... ¿Se encargará alguien de él?"
Entonces el universo me habló, justo antes de engullirme.
"Ya nada importa".
Ya nada importa. ¡Qué verdad! Si cuando tu propia existencia se esfuma no piensas más que en tu perro y en tu familia, en todo lo que dejaste atrás... qué gran paso la muerte, que sintonía, qué desconexión... ¡Qué catarsis absoluta! Hasta el punto de darse cuenta uno de lo nimia e insignificante que resulta su propia existencia.
P.D: Perdón por la paranoya absoluta...U
Pero ves que cuando mueres no te tienes ni a ti mismo. Cesas de existir, no está ya tu cuerpo y tu mente se dispersa por momentos, se vuelve una con el universo. Recuerdo ese momento. El momento de unirme con el planeta, el momento de pasar a ser parte del viento. No pensaba, no me preocupaba, no sonreía. Simplemente, ya no estaba.
Antes de desaparecer por completo, recuerdo haber hablado conmigo mismo. Me resistía a desaparecer, me batía contra la ley universal de todas las cosas. Una parte en mí me decía que entrara, que me dejase llevar... pero mi maldito ego, mi parte todavía consciente se preguntaba esos miles de millones de cosas que te trae el morir, los innumerables "¿Y si?"
"¿Qué va a pasar con mi familia? ¡No puedo dejarles solos!"
"¿Y esa novela que dejé sin terminar? ¡Alguien tiene que acabarla!"
"¿Y mis amigos? ¿Y mi perro? Lo dejé en el patio encerrado... ¿Se encargará alguien de él?"
Entonces el universo me habló, justo antes de engullirme.
"Ya nada importa".
Ya nada importa. ¡Qué verdad! Si cuando tu propia existencia se esfuma no piensas más que en tu perro y en tu familia, en todo lo que dejaste atrás... qué gran paso la muerte, que sintonía, qué desconexión... ¡Qué catarsis absoluta! Hasta el punto de darse cuenta uno de lo nimia e insignificante que resulta su propia existencia.
P.D: Perdón por la paranoya absoluta...U
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