sábado, 22 de noviembre de 2008

Así sueno xDDD

Después de que mucha, mucha gente me insistiese en eso de "quiero oírte hablar japonés", voy a hacerlo. Esta soy yo recitando un fragmento de un poemilla que aprendí en clase.

Está en japonés antiguo, así que si los estudiantes del idioma no entendéis gran cosa, no hay de qué alarmarse, es totalmente natural; yo tampoco entendía una palabra hasta que me lo "transcribieron" al idioma actual.

Memo 2
Memo 2.aiff
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NOTA: Mis nulos conocimientos de informática hacen que no tenga ni idea de poner un reproductor en la misma web, así que tendréis que descargarlo desde el link de arriba ^^U


Que sepáis que os tengo que querer mucho para hacer esto. Odio oírme grabada >__<

君死にたまうことなかれ

ああおとうとよ、君を泣く君死にたまふことなかれ
末に生まれし君なれば親のなさけはまさりしも
親は刃(やいば)をにぎらせて人を殺せとをしへ(教え)しや
人を殺して死ねよとて二十四までをそだてしや


堺の街のあきびとの旧家をほこるあるじにて
親の名を継ぐ君なれば君死にたまふことなかれ
旅順の城はほろぶともほろびずとても何事ぞ
君は知らじな、あきびとの家のおきてに無かりけり

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Reflexiones de una escritora novicia a las 23:47 cuando debería estar haciendo un terrible y aburridísimo resumen para la facultad

¿Qué pasaría si no escribiese?

- Que, excepto a estos pocos aunque amados lectores que tengo, a poca gente le importaría.

- Que un día mi cabeza estallaría por acumulación de pensamientos.

- Que mis sueños se marchitarían, como una rosa en un... en un... tupperware.

- Que mi vida sería mucho menos interesante.

- Que no llegaría a odiar a los grandes escritores de la lengua española clásica por su retorcido pensamiento.

- Que mi vida apestaría.

- Que terminaría casada, con hijos, y con un trabajo normal y quizá bien pagado.

- Que dejaría de ser capaz de contar las hojas de un sauce mientras medito.

- Que me preocuparía un poco más por las notas que saco o dejo de sacar.

- Que cuando fuese vieja e infeliz, aparecería una niña de 18-19 años por la tele que se ha hecho escritora, y me retorcería en mis remordimientos de consciencia hasta el fin de mi triste existencia.

- Encontraría un novio aburrido y tendríamos una relación aburrida. Bueno, pongamos, simplemente... que encontraría novio.

- No tendría a nadie a quien amargar la existencia con mis filosofadas. Sobretodo a mi madre.

- Mis amigos no sabrían de qué hablar conmigo.

- Que la gente dejaría de decirme que soy el ser más extravagante que conocen.

- Que Eira nunca habría nacido.

- Que mi gran maestro se decepcionaría mortalmente.

- Que no sentiría ese ansia por entrar en la ducha, el lugar que siempre me inspira tanto.

- Que las faltas de otrografía dejarían de quitarme el sueño.

- Que no tendría nada en que quedarme pensando en el metro, concentrada hasta el punto de pasarme una... y tres paradas.

- Que tendría una vida normal.

- Que mi madre sería más feliz al tener asegurado el futuro de una de sus hijas.

- Que sentaría la cabeza.

- Que dejaría de existir.


Vaya, ¿Creéis que tengo elección?

martes, 18 de noviembre de 2008

No interesa

Ando en mi primera época de trabajos/ exámenes de mi vida universitaria, y la experiencia no resulta demasiado agradable. Aun así, abandonar el blog no es algo que conste en mis planes, así que he decidido crear un híbrido entre actualizar + mis trabajos.

Esto es, poneros un trabajo que hice hace unos días, pues me resultó bastante interesante.

Se trataba de comentar una fotografía elegida al azar y plasmar nuestra opinión sobre ella, en un estilo bastante... literario. Yo elegí esta, y espero que os guste el texto. Es algo bastante en mi línea.





Esta foto de Yonathan Weitzman, un fotógrafo israelí, ganó el primer premio del World Press Photo 2008, en la categoría People in the news.

En ella observamos el vestido de una chica africana, que cuelga del alambre de espino de la frontera entre Israel y Egipto. Según los datos que la fotografía adjuntaba en la página web que la galardonaba, durante los años 2007 y 2008, muchísimos huidos del conflicto en el área de Darfur, en Sudan, cruzaron la frontera ilegalmente buscando asilo en Israel, llegando muchos de ellos a instalarse en Egipto. Al parecer, el gobierno de éste país comenzó a endurecer entonces su política con respecto a la inmigración ilegal, lo cual implicó también una mayor severidad y violencia hacia aquellos que intentasen cruzar sus fronteras clandestinamente.

Este último factor hace de la fotografía que vemos algo todavía más conmovedor. He observado decenas de galardonadas en el mismo premio, pero el contraste de esta foto, los dos conceptos opuestos que representa, resultan conmovedores e impactantes a ojos de cualquiera. Eso es lo que me ha motivado a escogerla.

No es difícil notar las dos fuerzas que dominan en esta fotografía. Sin ir más lejos, el hecho de que esté en blanco y negro, el hecho de que el vestido blanco brille, reluzca con fuerza enredado en el alambre de espino tras el oscuro fondo nos da una pista sobre su significado. Detecto un claro choque de todo lo suave, delicado, frágil y dulce que el vestido representa; con la violencia, dureza, resistencia y frialdad que el alambre del que se encuentra preso nos transmite. No me cuesta nada observar una contraposición de la inocencia con la guerra, del bien y del mal. La fina tela del vestido, su vaporosa y hermosa ropa se enreda, se engancha, se desgarra con las púas y cuchillas del frío metal. Es el corazón humano contra el horror de la guerra, es la vida y la destrucción; un ying y un yang evidentes, apreciables a simple vista.

Comienzo a plantearme quién llevó aquél vestido. ¿Cruzó la chica sola aquella frontera, ignorando los peligros que corría? ¿O lo hizo en compañía de su familia o de un gran grupo de gente? ¿Lo hizo de noche o a plena luz del día? Sea como fuere, ella, sola o acompañada, se opuso al poder, se opuso a las opresiones, y no temió saltar aquella frontera. No le importaron las cuchillas de los alambres, no le importaron las una o diez cicatrices que pudiesen quedarle tras el asalto, ella quería cruzar a toda costa. Podía perder el vestido, podía perder incluso la vida, pero para ella cruzar era lo más importante, tenía más peso que cualquier otra cosa en el mundo. Así de desesperada podía haber llegado a estar. Por la vegetación que observamos alrededor, y por el concepto que todos tenemos de una frontera, no puedo evitar plantearme si su paso hacia Egipto fue mucho más que el saltar aquella valla; fue atravesar el desierto de ambos lados, el sobrevivir a la travesía, pues no puedo concebir a una chica que salta una frontera ilegalmente, llegar a esta cómodamente en coche o todoterreno. Es posible que caminase decenas de quilómetros, que llegase a su objetivo deshidratada, cansada y angustiada, pero que eso no le privase de saltar de todas maneras.

¿Y llegó a cumplir su objetivo? ¿Llegó al otro lado o fue descubierta y aniquilada? No sólo en el momento de cruzar, si no en cualquier otro. ¿Se tuvo que quedar en Israel, vive ahora felizmente en Egipto, o yace ya a tres metros bajo tierra? También he dado por supuesto que se trataba de una chica, pero quizá era una mujer adulta, con su marido e hijos, que quizá perdió a alguien el día del asalto a la frontera. Infinitas son las preguntas que podemos hacernos sobre ella, sobre su origen y su destino, sobre su vida o muerte actuales… e incluso sobre su existencia.

Porque, ¿Quién nos dice que nadie puso ese vestido ahí intencionalmente? Podría ser que todo esto no fuese más que uno de tantos montajes para arrancarnos unas lagrimitas, un burdo plan para hacernos conmover. Podría ser que resultase que los trapos y camisas que cuelgan de los alambres son en la realidad despojos rotos y ensangrentados, lo único que queda ya de sus antiguos portadores. Quizá nada hay de vaporoso, bonito e inmaculado ya en aquellas fronteras, no hay vestidos blancos, sólo dolor; restos de camisetas oscuras, sucias y casi desintegradas, que se mecen con el viento, olvidadas por las personas y por las cámaras, pues nadie se conmueve con un trapo sucio que huele a muerte y a putrefacción, pero sí con el vestido blanco. Los trapos ensangrentados no ganan premios, pero sí el delicado y puro vestido blanco.



P.D: Los lectores de gaiden tienen sorpresita.

martes, 4 de noviembre de 2008

Pregaria

Hoy es un día bastante especial, de eso no hay duda.

Hasta ahora me he dedicado a dejar bastante al margen de este blog mis ideas políticas (que no las personales), pero hoy voy a descubrirme; voy a mojarme un poco. Esto me recuerda a una conversación que tuve con una buena amiga un día que bromeábamos en mi cocina mientras comíamos tostadas con jamón. Me dijo algo parecido a "una escritora, o aspirante a ella, que se precie... debe tener una ideología política y ser algo comprometida". Aquél día nos reímos del hecho y comenzamos a decir tonterías al respecto, pero detrás de la broma había algo de verdad, y es que creo que los "desinteresados" o los que "votan en blanco" bien poco hacen por un país.

Pues bien, os comunicaré, os guste el resultado o no, que soy un ser dedicadamente de izquierdas, progresista y "rojo" como la sangre. Y hoy es sin duda un día de esperanza para nosotros.

Aunque el sentido de "rojo" se queda algo alterado si hablamos de Estados Unidos, pues ahí los tintes van al revés del mundo, pero bueno. No soy americana (ni tampoco me apena la idea de no serlo), por lo que no puedo votar el día de hoy, pero me veo anímicamente obligada a expresar mi apoyo por aquél hombre que se ha ganado mi fe y confianza: Obama. Y diréis... "por si no me encontraba ese nombre hasta en la sopa, ahora va Nana y se pone a hablar del tema." Pues... sí, no hay más que decir. Sin excusas.

Llevaba tiempo viendo cómo el mundo no era más que una repetición consecutiva de los mismos hechos. Las mismas noticias en el periódico y los mismos problemas por todas partes. Una crisis mundial encima, y la gente con la moral por los suelos.

No me malinterpretéis, no creo en los héroes ni en los mesías (al menos en el mundo real, dejadme soñar), pero sí creo en el cambio, en que las cosas pueden hacerse mejor. El hombre que he nombrado anteriormente me ha hecho dar un respingo del asiento; me ha hecho pensar... "Eh, quizá todo no tiene por qué ser tal y como es ahora, quizá haya algo más, quizá puedan hacerse las cosas de una manera distinta". Y me ha hecho tener fe en el cambio. Espero y deseo (no diré por Dios, pues me confieso también atea) que esta madrugada pueda sonreír al ver el resultado de las urnas.

Así pues, mi post de hoy no es informativo, ni creativo, ni ilustrativo... Es un grito de esperanza, un llamamiento y una petición de cambio. Quiero ver las cosas con otros ojos, quiero ver a ése hombre hacer por fin algo positivo, quiero creer que puede hacerse. Y creo que no soy la única, hoy he visto en el periódico la fotografía de una mujer de etnia negra llorando a lágrima viva con una imagen del candidato demócrata a sus espaldas. No creo que esa mujer llorase ni de alegría ni de pena; pienso que lloraba de emoción. Creo que esas lágrimas surgieron en el momento en que proyectó en su mente cómo podría cambiar su vida si su candidato saliera elegido, cuán distinto sería todo para ella; y yo también quiero pensar que será así.

No hay nada asegurado, pero desde aquí, en mi humilde asiento de mi modesta casita en la pequeña Badalona, quiero expresar mi apoyo y mi fe. Sí, quizá me meta en la boca del lobo hablando de política en un blog anecdótico como este, pero me lo pedía el cuerpo, y ya sabéis que soy una persona de impulsos.

lunes, 27 de octubre de 2008

Otra historieta

Recuerdo aquél día. Ya no sé si era un domingo, un miércoles o un lunes; si era Marzo o era Junio, pero lo recuerdo de todos modos.

Paseaba por una de aquellas calles de Tokio con mucha gente y misteriosamente ninguna acera, en la que la gente no choca entre sí, no sé si por práctica o por frialdad… pero qué más da; el caso es que paseaba por ésta. Bueno, no diría bien bien pasear, pues iba algo apresurada para encontrarme con mi amiga Ami.

Me esperaba con uno de sus clásicos jerséis-vestido extra anchos y sus zapatillas converse desgastadas; una de color amarillo y la otra de color verde, a conjunto con la ropa. Tan pequeñita y encantadora como siempre me alzaba así la mano como… saludando, ya me entendéis.

Recordé entonces el día en que me dijo que a ella todos los occidentales le parecían iguales y que no me ofendiera al confesarme que le costaría reconocerme si me tiraran a una caja llena de occidentales (y digo caja porque fue el fabuloso ejemplo que me puso, no por otra cosa). Creo que aquél día al verla, pensé que quizá me saludaba de lejos con tanto esmero para convencerse que yo sí la reconocería a ella aún estando rodeada de japoneses, no fuese a ser que el fenómeno se diese también a la inversa.

Habíamos quedado en una plaza de un sitio no-tan-concurrido dentro de lo que cabe esperar de la bulliciosa (estresante) Tokio. Si había algo que me preguntaba en mis meses allí era de dónde demonios salía tanta gente; y de hecho ahora cuando camino por mi amada Barcelona a veces me da la sensación de que somos pocos, que la calle está desaprovechada. “Oh, Dios mío, puedo ver el suelo… que desperdicio, aquí aún cabrían cincuenta más”. Pero bueno, olvidémoslo.

El caso es que al llegar a la placita y saludar a mi amiga debidamente (sin mucho contacto físico, por supuesto), vi que había en un rincón de la susodicha plaza… un cercado de madera. Así, como si nada.

Un cercadillo de madera que me recordó irremediablemente a aquellos del zoológico donde tienen a las cabras para que los niños se metan a emmerdarse como cerdos y salir apestando a oveja, o cabra… o a lo que fuese. Lo curioso era que en aquél cercado no había cabras; había sólo niños. Niños sin cabras.

“Dios mío, una nueva anécdota depravada de los japoneses que contar a la vuelta… ¡Meten a los niños en corrales! A mis amigos de Barcelona les va a encantar”, pensé; pero no. Para mi desgracia no era algo tan interesante.

Al decirle a Ami algo así como “¿Pero qué coño es eso?” y acercarme, vi que jugaban con… escarabajos. Estaban metidos en el cercado haciendo lo que parecían batallas de nada menos que de escarabajos. Unos bichos negros enormes y repulsivos con muchas patas y cuernos… Una gozada, vamos.

Ami no tardó en colocarse a mi lado. “Pero qué… ¡asco!” exclamé horrorizada. Los niños con las manos en saturación máxima de roña por centímetro cuadrado de piel, se revolcaban por el suelo y gritaban como energúmenos para animar a sus escarabajitos, que tenían nombre y todo.

Mi amiga me miró como si hubiese dicho una blasfemia o algo así. “¿Asco? Si solo son escarabajos, no son nada asquerosos”, me dijo muy convencida. “No, no son asquerosos, son terroríficos y repulsivos. No acercaba yo la mano a uno de ésos ni loca”.

Pareció divertirle mi comentario.

“¿No hacen los niños españoles peleas de escarabajos?” Me preguntó alegre, para oír a continuación mi “¡Dios santo, no!”. Me preguntó entonces que qué hacían entonces los niños españoles, porque ya veis, si no hacen peleas de escarabajos… ¿Qué les queda por hacer en la vida? Y su respuesta le horrorizó tanto como a mí la visión que estaba teniendo. “Si de bichos se trata… suelen coleccionar gusanos de seda… y tal”.

Me miró blanca como el papel y echándose la mano a la boca con su risa tan propia me dijo “¡Eso sí es asqueroso! ¿Gusanos de seda? ¡Puaj! ¿Pero cómo no les da reparo tocarlos?”

Le miré de reojo con la cara enfocando todavía a los niños gritones encercados y, con una risa irónica, me limité a decir…

“Ami, creo que nunca encajaremos”.

A lo que ella se limitó a responder, encogiéndose de hombros:

“¿Qué tendría todo esto de divertido si fuese así?”

domingo, 19 de octubre de 2008

ことわざ - Dichos

Creo que voy a abrir una sección de dichos populares japoneses, pues creo que quizá os resulten más constructivos que los Haiku. Os dejo el primero de todos, el invitado de honor, pues creo que es un mensaje de fe que me encanta.

豚もおだてりゃ木に登る
Buta mo odaterya ki ni noboru

Incluso los cerdos, si son adulados, suben a los árboles.


Moraleja, señores míos: No hay nada imposible si cuentas con apoyo.

sábado, 18 de octubre de 2008

Conclusión del trabajo

Si hay algo a lo que los lectores de éste blog van a tener que acostumbrarse... es a éstas dos cosas:

1- A que no actualice con tanta frecuencia... Lo siento, mi rutina no da para mucho más.

2- A darse cuenta de que esto no es una bitácora destinada a saciar la sed de conocimientos sobre Japón de algunos futuros viajeros, pues mi visión es muy personal, y blogs de "foto y curiosidad" hay miles de millones, y miles de millones de veces más completos que éste.

Y me encanta ver que habéis entendido las dos cosas. Me gusta especialmente que haya comentarios como el de María, que hablan de que les ha gustado mi visión de las cosas en mi estilo de los últimos meses mucho más que cuando comencé como "Un blog más de una expatriada en Japón". Eso sí, el título de ésta bitácora se queda igual, pues ya me he acomodado a él.

Pues bien, el trabajo terminó con una conclusión muy distante de mis expectativas y posiblemente de las vuestras también, pero para bien. Esperaba encontrar mi reflejo en las personas que fuese a conocer (incluso en el sentido de hallar mi imagen invertida incluso), pero no fue así.

Eso me hizo darme cuenta de algo. ¿Cómo iba a esperar encontrarme a gente en la misma situación que viví yo en mi año en el extranjero, si Japón y España son lugares TAN diferentes?
El enfoque debe ser distinto, lo es, ha de serlo. Entré a la clase para encontrarme con gente de todos los países. "¿Y entrevistarás a algún japonés?", me preguntaron días antes. "Eso será si encuentro a alguno", fue mi respuesta.

Y no fue el caso.

Si alguien hubiese entrado a mi escuela de japonés cuando estudiaba en Tokyo, se habrían encontrado con un porcentaje masivo de asiáticos e irrisorio de "todo lo demás", que en respuesta a vuestra pregunta "¿Por qué estáis estudiando aquí?, os habrían respondido cosas como:

- Para ser traductor (como la presente).
- Porque estudio ciencias económicas.
- Porque tengo que pasar unos años en Japón (normalmente entre 3 y 5) por motivos de trabajo.
- Porque he estudiado japonés en la universidad y vengo a perfeccionarlo.
- Porque me gusta el idioma y lo estudio por afición.

Todos, o por lo menos el 90 por ciento de la gente estaba allí en calidad de "estancia temporal", muy pocos tenían intención de quedarse en el sol naciente a vivir por siempre.

Cuando entré en aquella aula la semana pasada, hallé rostros de todos los rincones del planeta. Desde Rusia hasta Bolivia, pasando por Holanda, Marruecos, Francia, Brasil, Polonia... Y sus respuestas a la misma pregunta fueron muy, muy distintas:

- Porque me exigen tener un buen nivel del idioma en mi trabajo para que me dejen quedarme como empleado fijo.
- Porque mi marido/mujer es español y quiero tener buena comunicación con él.
- Porque quiero entrar a un Ciclo Formativo de Grado Superior de Enfermería y dedicarme a ello.
- Porque necesito saber muy bien el idioma para poder gestionar mi propia tienda.

¿Os suenan estas respuestas a estancia temporal? Ya comenzamos con un enfoque totalmente distinto, personas de distintas nacionalidades con objetivos muy alejados de los residentes temporales de Japón. ¿Qué sucede aquí?

Saltemos a otra pregunta que creo que bastará para que entendáis a lo que me refiero. Si en mi escuela de Tokyo hubieseis preguntado algo como: "¿En qué clase de sitio vivís, y qué os parece la vida en Tokyo?", las respuestas sin duda serían:

- Vivo en una residencia de estudiantes, y creo que vivir en Tokyo y entablar amistad con japoneses es algo complicado, menos todavía si no hablas su idioma.
- Vivo en una casa de huéspedes para gente de mi país (China), y hablamos y nos relacionamos entre nosotros todo el tiempo, por lo que tengo poco contacto con los nativos.
- Vivo en un apartamento, lo comparto con tres estudiantes extranjeros. Tengo un trabajo, aunque es en un restaurante de cocina de mi país.
- Alquilo una habitación a una familia japonesa al modo Homestay, aunque tengo poco contacto con ellos, por lo general.

En mi entrevista hace unos días, recibí respuestas como:

- Vivo con mi hermano/padres, vivimos en familia en un piso en Barcelona. Yo llegué hace poco, pero los demás llevaban ya años aquí. Tenemos un negocio.
- Vivo de alquiler, pero estoy pensando en comprarme una casa para invertir un poco el dinero, aunque las cosas están bastante mal. De momento trabajo a tiempo parcial, pero me gustaría encontrar un empleo fijo y a tiempo completo.
- Vivo con mi marido/mujer en un pisito. El/ella es español/a; trabajamos juntos.
- Comparto piso de estudiantes (en la universidad) con gente de todas partes, desde el extranjero hasta personas de otras partes de España. No trabajo, porque me empleo en los estudios de momento.

¡Inocente de mí al pensar que encontraría un perfil semejante al mío en dos países tan dispares! Espero que éstas respuestas os hagan plantearos qué clase de lugares son Japón y España, que penséis en qué resulta cada uno desde el punto de vista de los extranjeros. Pensad si hay alguno de vosotros que esté estudiando japonés por necesidad, o si su afán por ir a aquél país no deriva más que de una afición o simpatía por la cultura.

Planteaos ahora cuánta gente estudia nuestro idioma por necesidad, cuanta gente quiere venir aquí para quedarse, y cuán insignificante (aunque existente, tengámoslo en cuenta) es el número de personas que vienen a quedarse por gusto o pos interés cultural; y no por una búsqueda de un lugar para vivir.

Entonces me planteo... ¿Qué ocurre?, ¿Por qué España y Japón tienen perfiles tan distintos? Si sí es cierto que éste último también tiene inmigración (sobre todo de países del sudeste asiático), la magnitud de ésta es insignificante respecto a la española. ¿Qué tiene Japón para haberse convertido en un lugar de paso, y no el hogar de personas de todo el mundo? ¿Qué ocurre, dónde está la diferencia?