lunes, 8 de septiembre de 2008

No sé qué es peor

Como ya dije, me voy a dedicar a decir lo que siente una expatriada al volver a casa, y con lo que se encuentra. Ahora que piso ésto de nuevo hay muchas cosas que me parecen desconocidas y misteriosas, y otras que simplemente había olvidado que existían.

Una de las muchas que olvidé era la existencia de eso que en España llaman "jornada partida". Hablando mal o "en plata", ¿Qué especie de mierda es la jornada partida?

Vale, consiste en que te levantas pronto, te vas a trabajar, te dan al mediodía un inútil descanso de 3 a hasta 5 horas en que en realidad no te da tiempo de hacer nada, y vuelves al trabajo hasta la noche. Moraleja: Pierdes todo el día y te pagan 8 míseras horas.

Recuerdo que los japoneses me comentaron (con éstas palabras): "Qué guay, me han dicho que en España tenéis un montón de horas de descanso al mediodía para hacer la siesta". Dejando a un lado el tema de si ésas horas se emplean para la siesta o no, me centré en responder: Preferiría trabajar con sólo una hora de descanso y poder plegar antes, o hacer jornadas intensivas como hacéis aquí y poder irme a casa a las 6.

Pero para mi sorpresa la respuesta fue: "Si, nuestra jornada puede terminar a las 6, pero aquí no plega nadie hasta tranquilamente las 11 de la noche". Por lo tanto, resumiendo; los empresarios trabajan desde que sale el sol hasta que se pone.
¿Por qué? Son las horas extra de servicio a la empresa, y como buenos hispanos los que leéis esto, contestaré a la pregunta que os habéis hecho nada más leer: No, no se las pagan.

Cada uno descansa cuando puede

Yo me tiraba de los pelos diciéndoles a los nipones que era totalmente abusivo e injusto que trabajaran hasta la noche sin recibir ni un solo yen extra (que decir "un duro" quedaría fuera de contexto); pero no parecía conseguir convencerles; afirman que es "por el bien de la empresa", y que "si el sistema japonés no fuese así, las empresas no funcionarían como és debido". ¿Necesitan entonces las empresas japonesas que sus trabajadores hagan horas extra para que su empresa tire adelante? ¿Hasta qué punto está bien montado un sistema económico que necesita ésas medidas? ¿Hasta qué punto son sinceros consigo mismos los trabajadores que afirman que encuentran correcto que les hagan trabajar entre 3 y 5 horas extra al día sin paga?

Me dió la sensación al tocar ése tema con los japoneses de que había intentado poner patas arriba un tema tabú e intocable para los trabajadores; y lo cierto es que éso es normal que ocurra en Japón cuando intentas decirles que su sistema de trabajo es mucho más excesivo que en el mundo occidental; se cierran en banda y se tapan los oídos.

Pero en España nos hacen "descansar". Lo cierto és que no es por caridad, sinó por que no les interesa tenernos trabajando en las horas menos ocupadas del día, y por si ya nos pagan poco, almenos se ahorran los cuatro duros que nos iban a pagar si trabajásemos esas "inútiles" horas del mediodía; muchas tiendas cierran durante ése tiempo, quitando todavía más utilidad al descanso, pues ni siquiera puedes salir de tu casa. Lo mismo ocurre con los domingos; el interminable círculo vicioso español del "Como descansamos todos al mismo tiempo, aquí no sale nadie".

La respuesta és que tanto a los japoneses como a nosotros nos manejan como quieren. Las empresas o nuestos "jefecitos" hacen con nosotros lo que les interesa, y nadie se queja por que es "lo que hace todo el mundo". ¿Qué es peor? ¿Trabajar horas extra de servicio a la empresa, o alargar tus días de jornada del día a la noche con un interminable descanso sin utilidad alguna? ¿Qué pasaría si un día todos los japoneses decidieran marcharse del trabajo a la hora que pone en su contrato; o si nosotros nos quedásemos trabajando al mediodía? ¿Sería entonces todo trabajador más feliz y satisfecho, o acabaríamos destruyendo la economía del país?

No lo sé, solo sé que algo va mal en todo ésto.

martes, 2 de septiembre de 2008

Dulce hogar

No. Mi ordenador no está arreglado, escribo de prestado. Esperemos que ésto dure.

Ya tengo mis piececitos de vuelta en suelo español, y el volver es algo extraño. Es curioso, navegantes de la red, que buscáis y encontráis mi humilde blog por tal de leer experiencias de personas que vivan en aquél país que tanto adoráis; me pregunto qué pasará ahora. Creo que quiero contaros qué pasa después, lo nunca contado.

Por que... ¿Qué pasa realmente después?

Pasa que justo antes de volver, sentada en el avión, una empieza a enumerar las cosas maravillosas del país del sol naciente que echará de menos, y lo primero que se encuentra al volver es que no echa de menos nada. Para mí ése año en Japón es ahora una ilusión flotante y totalmente separada, muy, muy distante de mi vida actual. Todo se ha vuelto tan normal, tan "como antes", que me resulta imposible echar de menos nada, por que simplemente en mi vida actual esas cosas "no pegan". A ver cómo puedo explicarme mejor:

Pongamos que echara de menos las tiendas 24 horas donde compraba mi desayuno cada mañana y mi tentempié cada noche. Creí que las añoraría, pero mi ritmo de vida y mis costumbres en España hacen que me sea totalmente innecesaria la susodicha tiendecita, y por lo tanto ni siquiera piense en ella.

¿La gente? Sería cruel decir que no la echo de menos, pero todo y desear verles de nuevo algún día, no es ése vácío que sentí al despedirme de mi gente de toda la vida el día que hice el trayecto contrario; es más bien un "hasta luego" indefinido, sin dolor ni complicaciones.

¿Qué pasa después? Que todo parece mentira. Que a veces tengo que pellizcarme, o mirar a las maletas apiladas en mi habitación, o ponerme a hablar en voz alta en el japonés que he aprendido para recordarme que ha sido real, que hace algo más de una semana yo cruzaba ese parpadeante cruce con paso apresurado al son de la música que se oía por todas partes, y entraba en ése trabajo que me parecía tan cotidiano y ahora es algo muy, muy lejano; y que volvía por la noche a esa habitación de la que me parecía que no llegaría el día de marcharse.

¿Que pasa después? Que la gente de aquí se te abalanza encima como si fueses una superestrella de televisión, aquella que nunca fuiste y que en realidad nunca serás; y te repiten las mismas preguntas una y otra vez hasta que deseas esconderte en un agujerito hasta que la histeria pase y puedas volver a ese ritmo de vida tan normal, a volver a ser la Nana de siempre en la Badalona de siempre, donde no hay cruces centelleantes, pero sí hay palmeras que ondean al ritmo de las olas, y un sol que nunca parece querer apagarse.

domingo, 24 de agosto de 2008

Problemas tecnicos

Mis adorados lectores:

Os comunico que no actualizo por que me haya muerto, o por que haya abandonado el blog como esa vez hace unos meses. Sere breve: mi ordenador ha muerto.

Os escribo desde casa de una amiga que me ha prestado amablemente su ordenador para poder deciros esto. Y bueno, comunicaros que almenos hasta que vuelva a Espana y repare el PC no habra nana's diary.

Pensad el lado bueno, en cuanto tenga ordenador de nuevo os contare todas las cositas que por ahora voy almacenando en mi cabeza para escribiroslas un dia de estos ^^

Por ahora, triste pero cierto, este es mi ultimo post desde el pais del sol naciente.

Nos vemos de nuevo en otro lugar de este planeta, otro dia, en otras circunstancias.

viernes, 15 de agosto de 2008

Cubo de agua contra incendios

¿Qué haces si hay un incendio en el templo?

No cunda el pánico. Tienes un cubo de agua.


No miento. En el cubo pone "para defensa contra el fuego". Tienen en las esquinas de los templos en Nara cubos con el agua preparada (y sus correspondientes microorganismos, que han criado ya y todo en el agua estancada).

Así que ya sabéis. Si el templo Todaiji, la construcción de madera más grande del mundo empieza a arder, hacéos con cuatro cubitos de agua... y no hay fuego que se resista.

lunes, 11 de agosto de 2008

Fotos: Nara

Ya tocaba que pusiera algun post de mucha foto y poco texto. Ahí van algunas fotos de Nara! Hay mezcladas las mías y las de David, pero podréis distinguir cuáles son cuáles por éstos detalles:

Son las de David: Las que salgo yo + las que son buenas
Son mías: Las sobrantes que no valen un duro XD

Disfrutadlas!


Nota: Están invertidas en orden cronológico. No por nada, es que las he ido colgando en orden y quedan al revés... y ya me ha da'o palo reordenarlas. (¡¡'perrería al podeeeeer!!!)














jueves, 7 de agosto de 2008

Off the shelf

Hoy post cortito, que no tengo gran cosa que contar.

No es nuevo que la competencia en Japón en el marketing es bestial. Hay miles de marcas de un mismo producto, y es la ley de el más fuerte, o el más llamativo, o del que hace mejor publicidad.

He encontrado una web breve pero interesante con fotografías del packaging (envoltorio) de muchos productos cotidianos que se encuentran con facilidad por aquí (yo muchos de ellos los veo diariamente y consumo algunos de ellos). Es un espacio curioso para descubrir un lado más cotidiano de Japón.

La web clicando a la imagen:



He notado al mirar ahora (no me había dado cuenta viéndolo en directo) que la tendencia actual del packaging japonés es muy... ¿Sesentero? No sé. A mí me lo parece.

NOTA: Capítulo 5 en el Gaiden!

lunes, 4 de agosto de 2008

Lo que no nos mata

Mis adorados lectores y lectoras,

Ayer vi morir a una persona.


No sé si será mi gafe innato o es que el destino intenta decirme algo, pero es la segunda vez que veo frente a mis ojos apagarse la llama de la vida, y de la misma forma.
La primera fue cuando rondaba yo los 10 años (no recuerdo si eran 9 o 11, sinceramente). Un verano en un pequeño hotel de Peñíscola. Presencié sin pestañear cómo sacaban del fondo de la piscina a un niño de aproximadamente mi misma edad entonces, cómo intentaban reanimarle sin éxito. Su pequeño cuerpo estaba azulado e hinchado. Cuando le sostenían el brazo, éste caía como el plomo de nuevo contra el suelo.
Y es curioso, creedme, que no recuerdo en absoluto el color de las cortinas de mi habitación de ése hotel. No recuerdo si la cama estaba blanda o dura; no recuerdo el ambiente del comedor, ni siquiera si la habitación tenía televisión o no.
Pero nunca, jamás olvidaré el brillante plateado de la enorme bolsa en que envolvieron aquél inerte cuerpecito frente a mis ojos. No olvidaré jamás el grito de horror de su madre al enterarse de lo ocurrido.

Creo que ése hecho marcó mi vida. Es una de las cosas que más me ha impactado jamás; estuve semanas sin dormir bien, no dejaba de pensar en ello; y por mucho tiempo que pasase, a veces me atacaban pesadillas y remordimientos por no haber sido capaz de hacer nada.

Sin embargo ésta noche he dormido como un angelito, a pesar de que ayer presencié exactamente la misma escena. Fui a la playa con mis amigos, y al oír un grito vi que dos chicas sacaban del agua a un hombre inconsciente ayudándose de un pequeño flotador. En seguida llegaron los vigilantes a intentar reanimarle. Era igual. Exactamente igual. Un equipo entero de personas encima de ése hombre, intentando hacerle recobrar la consciencia inútilmente. El mismo brazo cayendo a plomo sobre el suelo mojado. El mismo color azul de su piel. La misma bolsa plateada.

¿Por qué ésta vez he sido capaz de seguir como si nada hubiera pasado? Fue llevarse a ése pobre hombre, y seguimos divirtiéndonos a la nuestra como antes.
La vida de ése hombre acababa de terminar, un hombre que nació, vivió, se divirtió como yo lo estaba haciendo en ése momento, que posiblemente se habría enamorado, casado; que probablemente tendría hijos y mucha vida por delante. Una vida que acababa de terminar delante de mí, y yo era incapaz de conmoverme. ¿Por qué no me afecta como me afectó hace 8 años atrás?

Sí que es cierto eso de que lo que no nos mata nos hace más fuertes; ¿Pero hasta qué punto es bueno hacerse fuerte? Vemos cada día en las noticias a gente muriéndose de hambre, sufriendo o pidiendo ayuda y ni siquiera pestañeamos, indiferentes.

Yo quería conmoverme. Quería que me afectara. Quería sentir el mismo remordimiento por el hombre de ayer que por el niño de tiempo atrás, pero no pude. ¿Es acaso el hacerse fuerte sinónimo de convertirse en un monstruo? Si el "acostumbrarse" es igual a "volverse insensible", no sé hasta que punto los humanos deberíamos desear aquello de volvernos algo más fuertes que el día anterior.