jueves, 29 de mayo de 2008

Kamiya Bar

No soy artista.
He hecho el bachillerato artístico, fue una de las mejores épocas de mi vida, pero sobretodo si de algo me ha servido es para saber que no soy artista. O quizá si. Mi frustración se debe a que decidí no nombrarme artista a partir de ver que no era capaz de encontrarle encanto a muchas obras de arte moderno. Será que me falta esa "chispa", el "eau de artista", para comprenderlo todo en un momento y llenar mi mundo de ultrasensibilidad y paranoya.
O quizá sea artista a mi manera. El caso es que tengo una manía de artistilla... se trata de tener "mi cuartel".

Santiago Rusiñol, Ramón casas... los impulsores del modernismo en Barcelona se reunían en el llamado bar "Els quatre gats".
Hemingway en sus largos años en Cuba, frecuentaba La Bodeguita del Medio...

Mi lugar es el Kamiya.
Un lugar amplio de comida occidental, de ambiente estilo años 20, con sillas de madera oscura y lámparas colgantes. Lo que primero me enganchó de ése lugar es sin duda la comida, pero luego me fui volviendo cada vez un poquito más adicta a la mesa del rincón del hall grande... hasta que se volvió mi rinconcito.
Sentada allí hago deberes, escribo, a veces simplemente veo como la gente viene y va. Pero esa mesa tiene algo que me inspira. Me gustaría llevarme el ordenador un día, a ver si con el magnetismo de ése asiento escribo el mejor texto de mi vida.
A los habitantes o futuros visitantes de Japón, nunca sé cuando iré al Kamiya; siempre es espontáneo... Pero si os pasarais un Jueves al mediodía tendríais muchos números de encontrarme allí ;)

¿Que cómo se llega? Es sencillo. Todos los más interesados conoceréis el famoso edificio de la cerveza Asahi, y su sospechosa forma:


Veis el puente rojo? El bar Kamiya está al otro lado del edificio de Asahi, osease, justo detrás de quienquiera que haya hecho ésa foto (no es mía ;) )
Ésta es la fachada. La foto es mala con huevos xD ¡se siente! la tomé a velocidad luz antes de que el semáforo se pusiera verde... Además mi talento fotográfico no da para más. Mi hermana se lo quedó todo.

Para llegar en metro... Línea Ginza hasta Asakusa, buscáis la salida 3, subís las escaleras... y lo tendréis detrás ^^.

sábado, 24 de mayo de 2008

O2 - Orange Range

Orange Range es un grupo que me gusta bastante, pero no he podido evitar reírme con el nuevo videoclip... Se les ha ido mucho la olla. Es simplemente genial.

Es una parodia bastante obvia de los openings de anime, mezclado con la época samurái... no tiene desperdicio.



Aprovecho para decir que éste es el tema del opening de la nueva temporada de Code Geass, uno de los animes más populares actualmente en Japón. Se ven carteles por todas partes, es una invasión... A los interesados, probad a darle un vistazo ;)

Curiosidad

Siempre me dicen que parezco más mayor de lo que soy. Siempre me salta alguien diciendo eso de "Nana, eres más madura de lo que te toca para tener 18".
Eso no me halaga (tampoco me ofende, no se alarmen), sinó que me intriga.
¿Qué es "parecer mayor"? o mejor dicho, ¿Qué es ser mayor?

La gente suele crear una relación inversamiente proporcional entre el realismo y la madurez. Si ése es el caso, es mentira que soy madura, soy una soñadora empedernida que fantasea con dar la vuelta al mundo, con volar hasta el espacio, con conocer el amor más grande que haya existido, con un mundo mejor y libre, con escribir una novela capaz de conmover. Por esa regla, entonces, soy una cría.

Parece ser que para hacerse mayor, la receta es:
Coger a un niño, matar su imaginación, sus sueños y sus fantasías; inculcarle un aura conformista y de pesimismo, ponerle a trabajar, y... ¡Hecho! Ya tenemos a un adulto.
Creo que aunque me salgan arrugas yo nunca me haré vieja. Hay demasiadas cosas que quiero saber, demasiado me queda por aprender. No me dará la vida para verlo todo, tengo demasiada curiosidad.
Cada día hago el mismo camino a la escuela.
Los asientos del tren en Japón están puestos en los laterales del vagón, de espaldas a la ventana. A pesar de que me sé el camino de memoria, siempre, siempre, me doy la vuelta sobre mí misma para mirar a través de la ventana. Los japoneses de mi alrededor me imagino que piensan que lo hago por que soy una turista, y quiero ver por dónde paso. Seguramente si supieran que he hecho ése camino cientos de veces se preguntarían por qué sigo dejándome el cuello al darme la vuelta para poder mirar al exterior.
Lo cierto es que no sé por qué. Simplemente creo que dormirme, o mirar los botones del traje del hombre de delante mío es una pérdida de tiempo. Necesito ver lo que me rodea. Supongo que de ahí viene también mi histérica manía de querer siempre y bajo cualquier condición sentarme en el asiento de ventanilla del avión. A pesar de que a medio vuelo me obligan a cerrarla para que la gente pueda dormir a oscuras, siempre la medio-abro a escondidas cuando creo que ya todo el mundo duerme, para no perderme el paisaje de las nubes blancas reflejando el sol.
Podría decirse que algo así es de críos. Sin embargo, me dicen que soy madura... bien, ¿en qué quedamos?
Yo diría que en empate.
Cuando animo a alguien a cumplir sus sueños, suelen resignarse diciendo: "Lo dejo por que soy realista, y sé que es imposible". Supongo que a ésa actitud le llaman madurez...
Uno es realista, dicen, cuando acepta cómo es la realidad. Pero la realidad la construímos nosotros; y nos hacemos a nosotros mismos. Para mí, venir a Japón hace años era un sueño, como el de muchos que me leen ahora. Si hubiese sido "realista", habría acabado quedándome "en tierra", preguntándome para siempre qué habría pasado si hubiese perseguido mis sueños. Ese "Y si..." que nos acosa a todos los humanos.

Pues voy a hacerlo. Voy a dar la vuelta al mundo, voy a escribir una novela capaz de conmover, voy a conocer el amor más grande que haya existido, voy a poner mi granito de arena para hacer un mundo mejor, y a pesar de que lo de volar hasta el espacio sea difícil, nunca dejaré de soñar con ello. ¿Soy una cría, verdad?

viernes, 23 de mayo de 2008

Último tren

Sigo viva! Aunque ocupada. No panda el cúnico (que no es que cunda el pánico) que no abandono esto, señores.

Ahora que por fin llegó el buen tiempo, cálido pero agradable, y se puede ir en manga corta por la calle, se acerca la temporada de lluvias (Tsuyu). Cuando ésta pase, dejara como regalo el calor abrasador del verano japonés. Si esque esta gente no tiene punto intermedio...

Hoy he vuelto de trabajar con el último tren. Siempre vuelvo de trabajar con el último tren.
Es curioso, ése tren es diferente a los demás. Tiene una atmósfera diferente.
Cuando cojo el tren de la mañana, como tantas veces he descrito, se respira ese ambiente de "me acabo de levantar, tengo sueño pero me tengo que ir a trabajar". Es una atmósfera entre frustración, cansancio y cabreo, sumida en un silencio abrumador.
El último tren es sin embargo el de la gente que vuelve a casa, ya sea del trabajo, de fiesta, de donde sea. Los hay que caen dormidos al instante, los hay que parlotean entre ellos, los hay que intentan aguantarse de pie pese a la borrachera...
Y de borracheras voy a hablar.
No mías, precisamente. Todo el que me conozca sabrá que conseguir que una copa de alcohol entre en mi cuerpo es difícil, muy difícil; y cada vez me vuelvo más intolerante a esa bebida.
Os voy a hablar de borracheras ajenas, que son siempre más divertidas.
Un día volviendo del trabajo, el último tren estaba inusualmente vacío, y por obra y gracia de dios había... ¡asientos libres y todo!
Me senté corriendo (cuando llevas 11 horas trabajando te importa un pimiento lo de ponerte a mirar a ver si hay alguna pobre abuelita a quien cederle el sitio... además, NUNCA hay abuelas en el último tren; es un misterio). A mi lado se sentó un hombre de pasados 40, que apestaba a cerveza y se durmió abrazado a una guitarra, envuelta en una funda horrorosa de estampados de color marrón.
En uno de esos meneos bruscos tan típicos de los trenes, me hizo gracia ver que al hombre se le cayó la guitarra al suelo, montando un escándalo que todos los del tren dimos un salto... menos él, que siguió durmiendo plácidamente.
Cuando llegó a su parada, se despertó gracias al chip incrustado en el cerebro que tienen todos los japoneses para despertarse dos segundos antes de llegar a su parada, sin importar lo borrachos o profundamente dormidos que estén.
Pero se fue como los burros (osease, de golpe y directo), dejando la guitarra tirada en el suelo.
Yo le grité: ¡Oye, te dejas la guitarra!
Se giró como si le hubiese insultado, y me contestó gruñendo: Yo no la quiero, ya. Te la puedes quedar.

Y éste es mi bonito recuerdo de ése día:


No sé tocar la guitarra, nunca he sabido, y a pesar de que conservo la esperanza de aprender algún día, no sé si mi paciencia me lo permitiría. Sin embargo éste trasto se ha vuelto un objeto valioso para mí. Me dice muchas cosas y a la vez nada. Cada vez que la miro, me pregunto qué clase de persona era su dueño (al que no pude conocer muy profundamente que se diga). Me pregunto hasta qué punto sabría tocarla, cuántos años hacía que la tenía, si la compró o se la regalaron...
Huele a viejo, y tiene una pegatina en el interior que pone "Fabricada en Nagoya por G.Yamada".
¿Acaso su dueño vivía en Nagoya? ¿Qué hacía en Tokyo? Y lo más importante... ¿Hasta qué punto estará arrepintiéndose ahora de haberme dado su guitarra con tanto desinterés?
Cada vez que la miro, metida en su funda horrible (que he preferido no fotografiar) me pregunto todas ésas cosas. Sé que nunca las llegaré a saber, supongo que es por eso que le he tomado cariño a mi nuevo juguetito. Es un misterio para mí en todos sus aspectos. Siempre esta ahí, apoyada en la pared, como si me observara, y siento que si pudiese hablar tendría tantas cosas que contarme...
Recuerdo que ése hombre no me dijo "No la quiero"; sinó "Ya no la quiero". ¿Qué sucedió para que quisiera deshacerse de ella?
Desde luego ése día cuando subí al último tren nunca esperé que llegaría a casa con semejante cosa entre mis manos. Sin embargo, llamadme soñadora tonta, pero creo que conseguir algo así debe tener algo que ver con éso que llaman destino. Quizá aprender a tocarla sea algo prioritario para mi vida, y yo hasta ahora sin saberlo.

martes, 20 de mayo de 2008

Mi trabajo

Como dije, os pongo unas fotitos del humilde restaurante donde trabajo:

Saliendo de la estación de Shibuya por la salida de Hachiko, cruzáis el archiconocido cruce y subís hasta la calle de Shibuya center.

Hasta encontrar la famosa comisaría de policía redonda (foto) que en tantos mangas ha salido (por ejemplo, en Gals, es la comisaría donde trabaja la família de Ran... si no recuerdo mal). Sigues recto por la derecha y llegas a mi tienda:


Un humilde restaurante llamado "Soup-ya". Con un menú occidental pero sin nacionalidad definida. Si me encontráseis trabajando en ése momento... os invito al postre ;)

La página web: http://www.soup-ya.com/

domingo, 18 de mayo de 2008

Tardes de béisbol y helado en Katsushika

Ésta tarde mi pequeña família (compañeros de residencia) y yo nos hemos ido a hacer un espontáneao partido de béisbol en el parque de al lado de casa. Se nos han unido al juego un grupo de niños que rondaban por la zona, ha sido muy entretenido, y desde luego... una experiencia curiosa.

Lo peor... ¡Que los niños nos han ganado de paliza!

El equipo de los niños (en ese momento nosotros eramos los que bateaban). Los equipos tenían nombres no muy rebuscados: Otona (adultos), y Chibiko (traducible como... crios, enanos XD)

El de la sudadera naranja es Ken-chan. Parecía ser el líder de la pandilla. Espero verlos de nuevo en nuestro próximo súper-partido ;)

Algunos de ellos en el descanso... Aunque los únicos que necesitaban descanso éramos nosotros. Éstos niños no se cansan nunca!

Fetiche

Ayer fuí a cenar rutinariamente a un izakaya con mis compañeros de residencia.
En medio de la conversación, salió el tema, como siempre sale, de la relación hombre-mujer y todo lo que ello implica. Ya me entendéis.
El caso es que me quedé a cuadros cuando uno de ellos me preguntó felizmente:

-¿Nana, cuál es tu fetiche?

No me lo podía creer, que un japonés, encima tío, que yo tenía concebido como el ser más reservado del planeta me preguntara abiertamente por... ¿mis fetiches? Todos sabemos en España que un fetiche es algo bastante fuerte, no es un simple gusto o agrado por algo...
Pero al parecer en Japón, sí.
En seguida intervino otro chico (que había vivido una temporada en Europa) y me aclaró que, en el vocabulario japonés, "fetiche" no tiene más significado que "algo que te gusta".
En España, a quien le gustan los morenos, dirán "me gustan los morenos", y punto.
En Japón, dirán "mi fetiche son los morenos".
¿A que suena mal? Vaya palabrita han ido a escoger para hablar de gustos. Me gustaría ver la cara que se les quedaría a los nativos si los japos en Europa fueran preguntándo a la gente cuál es su fetiche, si el helado de vainilla o el de fresa.
¡Qué interesante es el mundo de las palabras extranjeras mutadas por los japoneses!